Treinta años y más…

 

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“Tercer tramo”

Título:

¿De mar, o de tierra?…

Después de creer, que la historia no cambia, doy fe de que el color del cielo, y la luz que desprende  el sol, sí lo han hecho a lo largo y ancho de mi vida.

Hubo un tiempo en el que padre, fue marinero. Más tengo ligeros indicios de que fue algo casi impuesto. Ya apuntaba maneras de que el aceite es aceite, y padre era agua: Ambos en un vaso.

Encontré una cartilla  de marinería donde tenía su foto de mozo. ¡Muy guapo, por cierto!

Yo, por lo menos, siempre aprecié su animosidad por tal profesión.

Cuando ocurren ciertas acontecimientos, no te queda más remedio que buscar papeles, y removiendo entre estos  encontré esa cartilla de marinería. Cartilla en la que no me creo nada que él se enrolase como marinero; Más bien le obligaron. Llegué a esta conclusión dado que, cuando surgía la oportunidad, y le tirabas de la lengua aprovechando algún que otro momento distendido, por sus pícaras sonrisas; De éstas que le salen a uno cuando recuerda lo pieza que era, y no quieren tampoco que se sepa demasiado. Cuando esto sucede, ya te das cuenta de sus debilidades y aficiones. Tal vez tenía más don para la pesca en tierra. No así, cuando llega la decadencia. La decadencia no llega cuando te haces mayor, si no cuando, ya siéndolo, pretendes ser como un adolescente en todo apogeo. Esta cartilla me la encontré una vez que se fue padre para siempre de todos los siempres; Rebuscando entre papeles, encontré mucho más de lo que quisiera. Los cajones y escondrijos en ocasiones guardan hasta lo más inesperado.

Este desgranado de historia, o estas pinceladas de vivencias, acontecían para mí sobre la edad cinco o seis años. Año arriba, año a bajo.

Recuerdo que faltó un tiempo de casa. Si les soy sincera, no le eché en falta. Luego, a su regreso, se desahogaba comentando lo mal que lo había pasado.

Que si era un buque mercante, el frío que pasaba, la dureza de las cuerdas, las jornadas nocturnas e interminables, o las jornadas baldías, los vaivenes de la travesía, la soledad… Soledad  que  se le trasparentaba, mirando un poquito a sus adentros; con sus ojos entreabiertos, cabizbajo cuando lo narraba. Aún así, os aseguro que era hombre de pocas palabras en casa;  pero cualquiera, en el momento adecuado y preciso, sin querer, soltamos lastre, nunca mejor dicho. Y como padre, era terrenal, de cuando en vez también lo hacía.

¡Cuidado!, que con la gente de fuera de casa; si cogía carretilla, nadie le alcanzaba. Era un ser que se transformaba. Su comportamiento en casa no tenía nada de parecido a lo que bajo techo sucedía.

Padre se repetía, como muchos hacemos cuando ya notas que la vida no te va a ofrecer mucho más y te deleitas con lo que has vivido; No queriendo ver que lo pasado, no regresa, y que se queda atrás para siempre aunque de vez en cuando se te refleje por delante. Comentaba que jamás había visto tales olas y tremendos oleajes. De seguro, jamás volvería al mar, (como si en algún momento se hubiese entregado a ella)…

Eso de irse tanto tiempo, y a mares tan inhóspitos, con el pánico que tenía al agua y a las grandiosas olas que se batían unas contra otras en los mares del gran sol, que no, ¡Que no, hombre, que no! Digo mares puesto que cuando confluyen tales oleajes, o bien es debido a que se saludan los reyes de un lado y de otro del mar, o simplemente se forma una gran batalla por disputar el fondo marino, y la cantidad de perlas humanas que lo adornarían, aunque fuesen biodegradables. Así sucedería por siempre.

Hoy los barcos aguantan y están mejor equipados y preparados para tales  oleajes y envestidas. Hoy, pareciese que los reinos de la mar, se acercasen más a tierra para disputarse el botín, pero el viaje de regreso a casa con sus trofeos, para los reyes de la amar, se les hace largo y pesado, y ya cansados en el arrastre,  se desprenden del botín a medio camino. Unos llegan a sus familias, y otros se quedan en mar de nadie.

 

Cuando se daba la ocasión; padre nos contaba cosas de jovenzuelo. Como esa historia en la que su hermano mayor en un juego de peleas lo tiró al  mar, en el umbral del puerto. Supongo que con idea de que se lavara, o que aprendiese a nadar…dejémoslo ahí.

Su hermano mayor al parecer, no hizo caso omiso de socorrerle, a pesar de la cantidad de salmuera tragada y la falta de oxígeno que casi acaba con su vida. No sé, cómo se zafó de esa, y de otras. Es lo que sé de esta historia, y lo que puedo contar.

En estos momentos, estoy intentando ordenar las palabras. Desde mi punto de vista, y con retales de lo acontecido. Cada cual vive, y cuenta la vida desde su ángulo de trayectoria y según su visión personal de las cosas. Aunque “todo sea fruto de una  fantasía ” . De ninguna de las maneras podría yo transmitir todos los sentimientos y hechos que sucedían al unísono; como tampoco, podría exponerlos  adecuadamente, ni compararlos con los vividos por el resto de “la familia”.

Ni todo se debe contar, no todo se puede medir, como que nada se debe creer, nada debes juzgar, si acaso intenta olvidar.

Padre estaba rancio. Era como el tocino que yo comía en casa de mi abuela. Pero además  de rancio, insípido.El de mi abuela, tenía un sabor exquisito. Las peores combinaciones posibles son: ser rancio e insípido. Más bien me atrevería a decir que padre era incomestible de cualquiera de las maneras, y en cualquiera de sus formas. Puede ser duro, pero las cosas son las que son.

Relatar ciertos hechos, resulta una tarea baldía cuando se mezclan a la vez en tu cabeza múltiples acontecimientos a la misma vez, y que no tienes por dónde cogerlos. Sería más sencillo, contar historias de manera ordenada  paso a paso, trocito a trocito. Más no estoy por la labor de ponéroslo, masticado. Tampoco sería capaz, ni tengo el menor interés en hacerlo.

Lo que acontece en nuestras míseras vidas, es como un puzle que no te regalan por reyes, si no que te lo encuentras cuando eres una criatura; Y sin tomar conciencia de lo descomunal, y del intríngulis que encierra, comienzas a colocar las piezas sin ton ni son No te das ni cuenta de la que te ha de tocar, ya que todas y cada una de esas piezas están boca  abajo. Cual será, o qué color tendrá. Ni tampoco dónde la colocarás, o para qué sirve.

La vida, no es una caja de bombones, no.

A mí por poner un ejemplo, la vida me resulta más parecida a los sobres sorpresa que comprabas en los tenderetes de las verbenas o fiestas. Con lo que me reía bastante, era cuando me tocaba un chupa chups que te dejaba la lengua y los labios de color verde, morado, azul. ¡Por lo menos con los sobres sorpresa ya sabías que tendrías, sota, caballo o rey! ¡No había más!

Continuando en lo que estaba; Ya en tierra, padre se trajo, o se hizo con varios aparejos de horquillas o agujas, para tejer redes. Era su entretenimiento. Más no hacía redes de mar. Hacía y deshacía por hacer. Se pasaba horas y horas, dándole al sedal. De esta forma pasaba las horas y los días. Un tiempo precioso que algunos arrebatan cuando saben de lo poco que les queda para que este juego se termine. Pero, un bonito día…

¡Por fin! ¡Un milagro! Después de todo, que si para aquí, que si para allá; Ese maravilloso día consiguió terminar algo útil primero y más tarde inutilizable.

¡Una hamaca preciosa de verdad! Digamos mejor,una hamaca, ¡de lo más! Súper chula y además de buena calidad. Todos mis hermanos queríamos dormir o echarnos en ella al sol de una primavera que recibe con honores al verano.

A día de hoy, no sabes lo que te puede caer, ni sabes a quien saludas. El tiempo está desquiciado, tanto, que ha perdido los papeles. Como dice el refrán,” Lo mismo te fríe una corbata, que te plancha un huevo”. Las cuatro estaciones se han hecho un lío de cojones.

Continuando con la historia, si se le puede llamar así. Pronto terminaría lo celeste del azul de fondo que se contemplaba tumbado en la hamaca, como lo celestial del momento. Mi hermano menor y yo nos disputábamos la hamaca tanto, que los postes fuertes y bien anclados de piedra que sujetaban los extremos de la hamaca, sucumbieron a lo cansinos que éramos. Lo peor era que por los alrededores no hallábamos otro lugar idóneo para colocarla. No sé  de su futuro. Lo curioso, es que en este tira y afloja de la disputa por la puta hamaca, no recuerdo los semblantes de mis otros hermanos mayores. Quizás, algún que otro recuerdo tengo del que me precedía. Más bien en realidad, pareciese, que no estaban. Quizás estuviesen sobreviviendo y alejándose cuanto podían de aquello. También recuerdo, una pequeña radio que funcionaba a pilas. Por entonces, no me suena que funcionase en FM pienso que solo existía o se escuchaba en onda corta, o media…no sé.

Guardo gratos recuerdos por aquel programa que ponían sobre el medio día o casi llegada la tarde, en el que se felicitaban los cumple años; las onomásticas, ¡vamos!

Las familias y familiares felicitaban a alguien querido entre los suyos. ¡Echaba tanto de menos que alguien me mencionara! ¡Eran tales las ganas de alguna demostración de que existía, de sentirme querida! Seguramente se diesen también los decesos pero para eso no estaba, ni estoy. No entiendo como hay gente que lo primero que hace es abrir un periódico solo para ver las esquelas. ¡No entra en mi cabeza, oye!

Nuevamente padre cosía y descosía sin ton ni son. Lo suyo no era hacer encaje de bolillos, más bien era hacer puñetas.

No sé si sabréis  que lo de hacer puñetas, es entrelazar las manos con los dedos y darle a los pulgares en círculo para un lado y para otro, dejando así pasar el tiempo. No os lo recomiendo; Es adictivo. Digamos, que se entiende como matar el tiempo, o la araña, según los ingleses.

A esa edad, y con el tejemaneje de la dichosa hamaca, ni me planteaba cómo podíamos comer. Sin embargo, algo había para llevarse aba boca. Debo reconocer que madre, con poco, cocinaba que era una maravilla. Cuando le decíamos que rica estaba la comida se crecía y contaba con orgullo, (no siendo para menos) que tiempo atrás daba de comer, en no sé  qué lugar, a más de cuarenta obreros de la Refrey: Los cuales, estaban encantados con ella de cocinera.

Dejando este trabajo al casarse con padre, me sonaba que por entonces trabajaba de jornalera, y que además se ocupaba de sus tierras. También se encargaba de criar pollos, algún que otro conejo, cerdo, y ovejas con alguna que otra cabra. Lo justo para ir tirando. Eso sí, con constantes broncas hacia padre, pues no echaba una mano en las tareas, si no se le espabilaba un poco, ¡bastante! y a base de gritos. El le respondía bajándole a toda la comitiva de santos, de dioses y demás huéspedes del cielo divino..

Madre se iría haciendo cachitos poco a poco,o también se podría decir que la vida que eligió, la fue triturando. El mero hecho de haberse casado con un hombre ensimismado, rancio, triste, y de rasgos atípicos, como suelen decir hoy en lenguaje psicológico, te hace añicos. Pero Dios los da y ellos se juntan. Como te metieras, salías trasquilado. Hay amores, o desamores que matan. Eran como el perro de hortelano, que ni comía, ni dejaba comer. Contigo porque me matas, sin ti porque me muero. Yo diría que fue matrimonio de conveniencia.

Tiempo y tiempo duraron aquellos quehaceres de padre; luego cambiaría por otros, y tantos… ¡Y tan diferentes!

Padre optó por tierra, a pesar de nacer a pie de una hermosa playa, y dadas las circunstancias, al verse madre harta de comer croques, (berberechos) conseguidos rapiñando entre las rocas de la playa más cercana a las puertas de su casa, cuando la marea estaba baja, ¡pero bien baja! con grandes dotes de persuasión por parte de madre, finalmente convenció a padre para irse al campo. Se iría a vivir a otro hermoso lugar, dándole la  espalda al mar.

Con el puzle que se me entregó al nacer y colocando las piezas tal y como las tengo colocadas, me dan datos suficientes para adivinar que su forma de ser de padre, desquiciaba a su madre, y en cuanto al amor que una criatura debería tener en sus comienzos de la vida creo no equivocarme  que fue otro hijo más de la madre Amargura. Lo mismo existen hijos con padres y madres con nombre propio y apellidos, como también existen hijos que son de nadie, y son acogidos por la madre Amargura, de mote “rancia”, y de apellido Insípida.

Si hecho la vista atrás, también recuerdo que padre era un hombre de medio lavarse. Una vez al año, si acaso por las fiestas del pueblo. ¡Tuvo que ser duro!… ¡a saber, lo acontecido en su infancia!…

Las aguas del mar son libres, como las aves en vuelo. Los que perecen en mares profundos, ya no regresan a la arena ni a tierra. Los que viven por y para el mar, por y para la tierra, o de debajo de ésta: Tanto mujeres como hombres, son de honores y respeto.

A día de hoy, aún espero que padre en sueños me diga donde quiere que deposite sus cenizas. Si no me quiere hablar, he de tomarme  decisión salomónica. Sus cenizas se repartirán entre el mar y la tierra.

Como escéptica que soy “si son sus cenizas,¡a saber!…

Me quedo con esos pequeños momentos de infancia, y los mejores. Padre y yo, jugando con las manos y la fuerza. Donde padre me daba unos topetazos en la cabeza, (sin maldad) que casi me tiraba por la falta de equilibrio, dado que tendría unos dos o tres años…lo estoy viendo…

Esa era su forma de dar cariños. Si nunca te han mostrado éste; No digo que sea imposible, pero sí muy difícil marcar un perfil con ternura para dar. De madre, no poseo ningún momento, donde el tiempo se posase…

Padre hacía igual que la mar. No controla su fuerza. Lo mismo te acariciaba, como te golpea de la peor de las maneras, desinteresadamente. Será que allá en lo más escondido, tendría algo de hombre de mar.

La mar responde de una manera sincera, aunque dura: Nada debes de temer de tu enemigo puesto que ya sabes a que te enfrentas. En cambio la tierra por el contrario requiere que la mimes, debes de poseer conocimientos de cómo acariciarla para que te responda de igual manera, con ternura y agradecimientos. Eso, si no se le cruzan los cables.

En cualquier caso creo en los monstruos marinos, y nuevamente y sin dudarlo, os aseguro que en tierra firme, existen muchos más monstruos; Con mal talante y de peor malaje.

 

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