“Luna”.

Luna “.

Sin dejar de ser consciente de la realidad, sin dejar mis pies en tierra, soy partícipe de los sueños de quienes contemplan esa gran luna y lunático reflejo del sol.

Las noches se nos presentan en ocasiones, oscuras, demasiado oscuras; con intenciones dudosas de venderte sentimientos abruptos, añoranzas anónimas, ideas escondidas o, soledades agitadas.

 

A otros, la luna, les adoctrina en rutinas. Inspira dulzura, exhala armonía, libera razones y aflora prejuicios.

De ahí que muchos deseen vivir la noche. La noche puede  entrañar anarquías, pero cadenas; reencuentros, pero soledad. Es, un destino fantástico, que puede mutar en el mejor de los venenos.

Puede contener trazas,  de lo más ruin de quienes somos. Tiene el poder de hacerte olvidar, incluso, a quienes más queremos.

De una cara oculta, siempre se habla; sin embargo, la luna, tiene más de dos caras. Pareciendo simplemente algo inerte, colmados de vida nos tiene.

Los ojos con que contemplamos las cosas, no siempre nos muestran verdad. La luna tiene ojos, nariz y boca o, ¿acaso, no es verdad?

Os debo contar que cuando la veo tan enterita toda ella, a mí, me guiña un ojo y me sonríe.

Pero de nuevo todo lo deformamos. Las lunas hemos clasificado, humillado, mentido; las hemos ignorado, nos hemos reído, y las veremos… llorando.

 

Con su vestuario tan distinguido y elegante y, siendo tan coqueta toda ella; cambia de vestido en unos instantes.

Con su maquillaje hace lo propio, sin embargo, mantiene el mismo semblante. En ocasiones puntuales, la percibo como  sofocada.

También  tiene sus días; le noto mala cara, y no dejemos de tener en cuenta que también puede ser que esté, mal encarada.

Nadie cree que tenga vida o sentimientos, pero, puedo percibir su respiración aún debajo de su sábana de  chatarra.

Creedme si os digo que  os habla cada día que sale, y cada vez que, muestres interés  prestando la debida atención.

Cada día y cada noche te prepara una nueva historia, una que nunca te contó. De esas que no se repiten; si ya pasó… ya pasó.

Te engatusa muy sutilmente. Te abduce sin pronunciar tú nombre, te muestra el camino sin darte cuenta, te comería a besos si pudiera… tú, la comedías a ella.

Las malas lenguas dicen que a un gran queso se parece, pero los quesos mientras menguan, ella, siempre crece.

Trabaja con las mareas; mareas grandes y vivas y, también con mareas dulces, pequeñas. Trabaja con tu cabeza, con tu pelo; ni siquiera te das cuenta. Lo hace cuando está, y también, cuando se va de fiesta.

El sol tiene su trabajo, sí. La luna, sus influencias. Mientras que el sol  te ayuda fuera, ella por dentro, te alimenta.

Mientras que el dorado sol  colorea  tu piel haciéndote un gigante, la luna mantiene, tus frecuencias.

Da rienda suelta a  pensamientos, sueños, deseos, flaquezas, disgustos, proezas, sonrisas, vivencia: Termina haciendo que te sientas en la  la necesidad de decir al mundo que, algo se afloja en la cuerda.

Se me da por pensar que la luna y el sol son pareja. No pueden vivir el uno sin el otro.

El sol le hace sombras chinescas, y a la vista está el engaño, mostrándose como tierra muerta y seca.

Aunque cada cual se ha dado espacio, de cuando en vez, se acarician y se besan. Veo que se saludan de lejos, haciéndose carantoñas pendejas.

El sol le da calor; se desnudan los dos y se mezclan.

Celebran sus cumpleaños con velas rojas, afianzando sus votos sin pensarlo siquiera. Lo hacen jugando como los niños a, “la gallinita ciega”.

Y en medio… la “Tierra”. El hijo o la hija que ambos deseaban. Una espléndida criatura, hermosa y sin parecidos.

La pareja está preocupada. Se les hace raro que tan rápido, envejezca. Su criatura bonita no es que se esté haciendo mayor, es que está enferma. Eso no lo ven normal; con enfado lo comentan.

La luna, no derrama lágrimas. Cuando no la ve nadie deja caer cristales de sal. Poquita agua le queda; yo diría que ninguna ya.

De amargura se nos queda petrificada, convertida en una figura redonda de polvo gris.

La seguiréis viendo bonita, la seguiréis viendo en sueño, noche o vigilia, os seguiréis deleitando, observándola con otros ojos. No será ya tan nítida, desvaneciéndose igualito que un sueño lindo cuando despiertas.

En algún momento os daréis cuenta que ya no queda luna. Os daréis cuenta de que ya nadie nos abraza y nos rodea; compartiendo juegos como… sombras chinescas.

Los sueños  son sueños; esta otra realidad puede que  no sea tan ilusa.

 

Pero mejor lo dejo aquí que… se me ha caído un cristal, de las gafas de ver de cerca.

 

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