“Diario mínimo, de una sola noche”.

“Diario mínimo, de una sola noche”.

Era una noche cualquiera donde descansaría en una de cualquiera de las camas, entre tantas que allí hubiera. Sobre un colchón usado y debajo de la cama…unas cenizas, nuevas.

Eran las cenizas de un padre, dentro de un tarro cualquiera.

Al colchón le salieron letras, a las sábanas, manchones de tinta de imprenta.

Quien tendría que estar durmiendo, esta labor, la hacía, despierta. Cogió pluma y papel de cuadros y comenzó por describir lo que sin serlo, era.

Las cenizas de aquel padre, nadie quería verlas y, tomó la decisión de dejar la puerta abierta; queriendo poner a prueba las historias de espíritus que salen y que entran. La misericordia no faltaba y esa noche se quedaron debajo, justo debajo de un colchón de niebla.

 

Los colchones, cuando los dejas, se quedan con tus huellas.

A pesar de que al colchón le salieron firmas y que, las sábanas lavadas ya eran. Pareciesen venir de una guerra. Aun así, se podía dormir tranquilamente despierto: Sin problema.

El durmiente despierto, la colcha observaba. Tendría unos treinta y largos años. Ya tenía barba y la cicatriz de unas tijeras. Un zurcido de trinque que, resistió, el pasar de los años.

La susodicha colcha de moda no pasó. Se ven en las mejores tiendas y  aprecio de oro engañador.

El que ponía palabras torcidas en el diario, casi dormido en verdad  se nos queda. Después de romper una de las hojas con su pluma maestra dio tal salto en la cama que, el colchón desplazó.

Pudieran ser las cenizas que  guardaban una fuerza mayor. Un pequeño bofetón de niebla le cabreó, con razón.

En pie se puso el durmiente despierto y hablando bajito, muy bajito, le cantó las cuarenta  a lo que de aquel padre quedó.

Desde entonces ya puede dormir despierto y sin temor de hacer pifias en  su diario de, terror.

 

Se cambió de colchón pero no de sábanas. Estas ya eran como unas nuevas, eran de buen algodón. Quedaron bien limpias, con buenas dosis de blanqueador, al igual que la colcha que pasaba por su segundo esplendor.

Con las cenizas jugaba el durmiente despierto. Eligió jugar al escondite, para que no causasen terror. De todas formas el miedo no entro en casa; la duda si se coló.

Daba y daba vueltas el durmiente despierto, pensando a quién le riñó. Si serían las cenizas de aquel padre o, con un simple tarro se quedó.

Esos tarros, ¿qué estarán? ¿Llenos de polvo? …El  durmiente despierto, por el momento, es cosa que no averiguó.

 

Ante todo respeto. ¿Un respetiño, por favor!. Respeto por los que se fueron  y respeto por lo que quedó.

Aunque todo sea una mentira y duermas despierto, sueña…el sueño ni empezó.

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s