“El durmiente despierto, haciendo funambulismo”.

Aleks Magnusson

El durmiente despierto, haciendo funanbulismo”

Con tres copitas de vino… ¡Na, na, de na!

…Se despidió de sus amigos y compañeros alejándose de la cafetería Mardelix. Nadie como él sabía ofrecer una sonrisa de despedida, tan diplomática.

Recorrió la calle Dumas en compañía de sí mismo. Esa calle sin final y, con la sonrisa todavía congelada en su carita de ángel patudo.

La temperatura rondaba los cuatro grados bajo cero y el aire que soplaba a sus anchas, le arrastraba hacia un sangriento final.

A pesar de llevar unos bonitos y cálidos guantes de angora, recubiertos de la mejor piel; de algún animal desconocido, el durmiente funambulista, no atinaba con la clave de alarma de su imponente mansión. Si no se convirtió en una, hermosa estatua de hielo fue gracias a que llevaba suficientes taninos en las venas.

La puerta de entrada, tan colosal, no dejaba dudas de su modus vivendi. La finca al completo tendría, unos tres mil doscientos metros cuadrados; metro aquí o, un poco más allá.

Una vez pasada esta glaciación y ya dentro de su iglú, ya comenzaba a percibir la sensación del calorcito a hogar.

Con la tecnología de que disponía, no tenía problema para encontrarse con la chimenea de leña ya encendida, tener al punto un pollo al chilindrón o, disponer de un engendro que le abría una buena botella de Bourbon.

– ¡Pero hombre de Dios! ¡Si es casi más placentero abrir uno la botella que tomarse lo de dentro!

Siguiendo con la historia nunca entendí bien el significado que entrañaba la frase “Calor a hogar” o, “Calor de Hogar”.

El durmiente despierto vivía rodeado de elementos sobrios y, exóticos que desprendían un tenue rastro a sangre, minimalista; Todo ello aliñado con unas gotitas de aires, retro.

Eran ya los cuatro cuarenta y cinco minutos de la madrugada y tendría que conformarse con intentar dormir despierto…  a solas. Cada día y cada noche serían nuevas, pero irreconocibles.

Mientras que su cuerpo reposaba, su durmiente despierto juagaba con él, como si de una marioneta se tratara. Se movía y se iba, venía: No encontraba lugar idóneo para su pareja de glúteos ejemplares posara.

Su aspecto y formas revelaban que, a pesar de todo, era como el más normal de los mortales, dada la situación y, en cualquiera de las situaciones.

El durmiente despierto hacía funambulismo de cuando en vez. Esta noche ganaría unas olimpiadas. 

Cansado de ser el durmiente despierto deseó con tanta fuerza dejar de ser lo que era que terminó, empoderándose, al fin.

Tenía que parar tales andanzas y poder conciliar el sueño; si no, eterno, que fuese profundo y reparador. Para ello debería enfrentarse, cara a cara, con su propio… él.

En ello estaba cuando la vida real, ésta, es un saco de esparto roído y envuelto en papel de celofán, un arcón vacío, con olor a naftalina.

Entre los taninos y el compuesto del Burbon, creía que se su alma se alejaba, y sosteniendo a duras penas una de sus agendas, comenzó con un epitafio dedicado a sus pocos, pero, buenos amigos.

Decía, ebrio:

– ¡Así os jodan, cabrones!

-Que me voy.

-Que me marcho; pero que sepáis, que estaré solo; durmiendo en un descanso que espero sea definitivamente, el eterno.

Testamento de otorgación:

-Como testigo tengo aquí presente a “Lesvina”, y a la que al finalizar de plasmar mis deseos en papel… ¡Hay que joderse! ¡Seguimos consumiendo papel! Ha de dejar plasmada su huella digital y, sello compulsado por la RCDLM. Debo recalcar que es válido a nivel terrestre y extraterrestre.

-Expongo:

-Mi primer deseo es que no deseen que brille sobre mí, la luz eterna. Es primordial que descanse a oscuras. ¡Si algo en estima me tenéis! ¡Luces y flores no!  Hacedme el favor.

-A mi queridísima, Remadias; le dejo una consola de juegos, muy, pero que muy viejuna. Se encuentra en el mueble bar, al ladito de la camarera. Ya tú sabrás que hacer con ella, que todo vuelve a la moda y esa, en especial, vale una fortuna en manos de buenas negociantas como tú. ¡Mi queridísima Remediable!

-A Cholo Piere, le dejo mi juego de tijeras y manicura. Te llevas de regalo también, el juego enterito de pedicura. ¡Así te quedes sin dedos!

-A Nánide, le dejo mis pocos cuadros; por cierto, de poco valor económico, pero de gran valor sentimental.

-A Petro: Todo mi armario. Sé que se le cae la baba con mis modelitos.

-Por último, quiero desheredar a mis padres. Echaré de menos esa bondad infinita. Debo de ser neutral para con mis seis hermanos. Puedo hacer esto ya que sé que las Leyes han cambiado gracias al Poder Judicial.

– ¡Que gustazo!

-Si no nombro a nadie más se debe a que, no merecen mención alguna. Los que tienen la lengua demasiado mojada para hablar mal de los, no presentes; justificando, juzgando y condenando sin conceder derecho de réplica, o presunción de inocencia al, no presente… ¡Ni agua!

-Que Dios se apiade de sus almas, y brille sobre ellos, una luz intensa y eterna. Así sea y no puedan pegar ojo; ni les llegue el dinero para afrontar el recibo de ésta.

– ¡Aléxima! ¡Ven cariño perturbador! Ya he acabado. Échame aquí una rúbrica. No te lo leo ya que sé que me estabas escuchando. ¡Guíñame un ojito! ¿Verdad que no me equivoco?

– ¡Guiñas el ojo como nadie, jodía! Tengo que reconocer que, te han hecho ¡Perfecta!

– ¡Listo!

Con estas palabras y una copita más de Burbon, el durmiente despierto se tomó de un solo trago lo que en el vaso quedaba.

Se fue hasta su cama “Cinema Paradise”, haciendo funambulismo.

Cayó sobre ella con medio cuerpo fuera y, ni se quitó los zapatos.

Todo tiene un precio. Muerto no estaba; lo que se dice dormir, durmió como un tronco.

Más tarde el problema estaría en su cabeza. Tenía tal resaca que ganas no le faltaron de separarla de su cuerpo. Llorando de dolor llegó a la cocina después de visitar su despensa de, “ponte en pie y estate quieto” … No estando quieto ni erguido, su tambaleo de buena suerte le postro frente a la cortadora de 🥩, donde su mano acusada de intento de homicidio había accionado la robótica.

Un corte perfecto y fulminante, acabó con su sonrisa impuesta, su don de gentes, sus falsos amigos, ¡y el bueno!

 Se acabaron los problemas, y su modus vivendi. Eso sí, su deseo fue concedido. El fin justifica los medios.

Caprichoso destino sembrado de flores.

Unas blancas otras negras y, otras de colores que son néctar.

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