«No es rentable…».

No inviertas el tiempo en algo que no lo merece.
Inviértelo en comprar acciones de todo lo relacionado con la enfermedad o la salud,( según como lo mires) la muerte, la vida, las armas…Antes de hacerlo Busca el significada de empatía y ponla en práctica.
Gracias.

“Para nada es rentable sembrar zanahorias”.

Cogí semillas de zanahorias y me puse a sembrar con gran ilusión. No tenía experiencia en cuestiones de siembra, pero lo hice en cuanto llegué al bancal. Un bancal, hermoso, construido con mis propias manos. Un bancal pensado para trabajar, sentado.

Eso, lo hice después de acercarme a la cocina y coger un taburete. Eso, lo hice después de buscar entre las herramientas de la corraliza y dar con una espatulilla y eso, lo hice luego de colocar al, sembrado, taburete.

Eso lo hice una vez estabilizada mi zona de descarga.

Eso lo hice una vez que llegué derechito al bancal, y, por último; eso lo hice gracias a que encontré el sobre de semillas, en uno de mis bolsillos.

Una vez dejé de hacer, eso, tantas veces, llegó el placentero momento en el que dejé caer, de manera suave, mi culo chico.

Las maneras son importantes, no fuera a ser lo que ya fue, todas las anteriores veces.

Asegurada mi estabilidad, tracé un surco perfecto y me dispuse a abrir el sobre de simiente de zanahorias, pero, no debía de encontrarme fino porque doble no las veía; más bien no veía, ni encontraba nada.

Poco faltó para sembrar, lo que fuera, por todas partes, menos, en mí esplendido bancal.

¡un día productivo con el modus operandi!

Dejando pasar el tiempo que especificaba el sobrecito, regresé para ver el proceso de germinación. Un segundo, bastó, para que mis ojos plomizos, se saliesen de sus órbitas, más si cabe de lo que ya se salen, por costumbre…

Estupefacto me quedé ante tanta cantidad de hierbas.

Por un instante pensé que el corazón se me paraba.

El corazón no se me paró, sino que se me aceleró y sin más, comencé a arrancar o entresacar lo que me parecían, malas hierbas. La cuestión es que entre hierba va y hierba vuela, cuando me quise dar cuenta, había acabado con toda la siembra.

Si había alguna zanahoria, no quedó ni cuerpo del delito ya que a medida arrancaba con la derecha, con la izquierda lanzaba a diestro y siniestro todo aquel verdel en la trituradora para compost.

Una vez hecho, semejante esfuerzo y trabajo, me quedé mirando la escarda y puedo aseguraros de que me disgusté, pero, solamente durante un ratito y sin dilación, cogí papel y lápiz y me puse a echar cuentas.

La verdad es que, no era nada rentable sembrar zanahorias ya que me salía a una por barba y a mí como que me gusta abarcar y hacerlo a manos llenas… ¡Ya tú sabes!

Conclusión: Tú no siembres zanahorias, a menos que dispongas de tu propia simiente.

No inviertas el tiempo en algo que no lo merece. Te lo dice un inexperto en huerto y siembra.

Mejor, continúo con la etnología que es lo mío o, ¿era micología… ?

Autora: María Preciosa Cabral Pérez

«Pigmentos de Otoño».

Más de media vida es un Otoño constante. Puedes verlo como una botella medio llena o, medio vacía. ¡Tú eliges!

“Pigmentos de otoño”. María Cabral.

Y el otoño se presentó con pereza, pando,

lleno de hojas con orvallo y en do menor.

Sabe cautivar con ocres y añiles difusos,

colores violetas o, románticas turquesas.

Recamado por un dorado, crepuscular.

Llegó sin equipaje de mano, su macuto detrás.

Se detuvo, fatuo, desterrando su nombre,

pensando en un apodo de temporada.

Épocas de descuaje, de aborregarse y ceder…

Engalanado con su dorado crepuscular.

Su corazón de broquel se deshace, una, otra vez,

para convertirse en armadura de acero,

y así engañar al destino, pero, destinado está de perder.

Como fantasma reaparece una, u otra vez.

Pigmentos inefables entre medias de una luz.

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