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“CUENTOS PARA …LOCOS.  El que se considera cuerdo, me  da miedo.

Solo cuento cosas muy breves como auto crítica hacia todo lo que me rodea  e incluso hacia mi misma.

CUENTOS PARA LOCOS.

Libros de bolso y bandolera. Para  gente que busque un poco de perspicacia, que le guste el humor negro y las desdichas blancas. Con la predisposición de abrir su mente y dejarla volar.

Solo cuento historias cortas y algunas cosas poco comunes .

  • HISTORIA DE UNA ALUBIA.

El ciclo de una vida a través de un cuerpo imaginario.

“No hay duda de que la ficción hace un mejor trabajo con la verdad”.

(Doris Lessing)

  • LAS HADAS DE ANA.

Otro relato corto que puede hacer replantearnos si no hemos dejado atrás lo mejor del ser humano…imaginar. Cuando regresamos a la realidad sentimos  un sabor agridulce y nos planteamos, ¿que está pasando?…

“En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento”

(Alvert Einstein).

  • EL ADOQUÍN PATINETE CREADO POR CALLOFÉ.

“El orgullo está relacionado con la opinión que tenemos de nosotros mismos; la vanidad, con lo que quisiéramos que los demás pensaran de nosotros.” 
(Jane Austen).

  • SAFFÍ.

En honor a una persona muy especial como tantas…

Un pozo oscuro donde caen aquellos que en su apariencia son los más fuertes y valientes cuando en la realidad son criaturas vulnerables y faltos de amor.

“Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos.

(Confucio)

 

 

31/07/2019

  • Quisiera un parque para mí por la noche. Aún sin luna, me conformase.

Quiero que la noche cerrada no me impida ver las estrellas y los fugaces deseos.

Quiero un parque lejos de las ciudades, lejos del ruido y por donde no pise nadie.

Solo admito algunas luciérnagas, si alguna quedase…

Quiero un parque limpio y verde vestido de gala. Uno donde no me moleste nadie. Quiero uno donde la hierba no pinche y que ésta me refresque pero sin empaparme. Quiero que me impregne de olores sanos que no molesten a nadie. Con olor a la banda y narciso, Jazmín, pino, roble, pensamiento; con olores a nadie.

Estirarme sobre la hierba  mirando al cielo vacía. Quedarme con una sonrisa dulce; reírme de los minutos y del tiempo de nadie.

Quiero un parque para mí. ¿Dónde está ese parque?…

Mi muerte por alejarme tan solo con una manta verde, mis lamparillas diminutas, y un techo pintado en movimiento. Contemplando un firmamento limpio de chatarra.

Quiero un parque para mí, donde me acaricie la brisa cercana del mar. Que la brisa juegue con mi pelo pero sin despeinarme. Que sus manos me acaricien y con su boca me dé un beso de aire.

 

 31/07/2019

  • Cada día el silencio se hace más amigo cuando me dice, hasta pronto, el sol.

Cuando la luz se duerme, y cuando yo la invito a desayunar.

¡Que desayuno tan ideal!

 

31/07/2019

  • La soledad invade el terreno.

El silencio se proclama Rey. Solo unos pocos sentimos paz a este lado del muro.

Ya el ruido nos quebranta.

Ya las mentiras se murieron.

Ya mi serenidad es  como un mar muerto si acaso…ya, como el mar muerto.

 

Un día cualquiera…

 

  • “Si tu paseo por la vida es de puntillas porque el suelo te quema, ¿ en que momento y lugar se te quedó atrás lo racional?…sigues caminando de puntillas, ¿te das cuenta?”

 

  01/10/2019

Letra para una canción

  • “Noches de olvido”

Paseo descalza sobre la dureza extrema del asfalto.

No siento los pies. No siento el frío o el calor.

No comprendo por qué hay cristales.

Voy dejando un rastro tenue de sangre, a cada zancada.

Paseo sobre la hierba de un color verde forzado.

mis pies se resecan y siento calambres,

No entiendo nada, ya que está mojado.

¿Por qué ahora si siento, cuando no sentía nada?

 

Algo no va bien, algo ya no es nada. Cantan los grillos en invierno. En verano ya no cantan.

 

Paseo por una luna triste, de colores apagados.

Me paseo por ella cuando duermo. Dentro de mi sueño estoy sola.

Podría parecer sentir más cuando sueño.

No deseo sentir ahora lo que con nadie comparto.

Me siento sobre las algas secas  de una marea viva.

Remo con los brazos entrelazados sujetándome los hombros.

Las barcazas de papel maché se deshacen lentamente.

Busco con la mirada algún pescador de soles radiantes.

 

Algo no va bien, algo ya no es nada. Cantan los grillos en invierno. En verano ya no cantan.

 

Cuando tengo hambre no pienso, ya que hacerlo me desborda.

No degusto la comida, pero la coloco de forma sutil en el plato.

Me fijo en la composición armoniosa de la mesa más larga del mundo.

No alcanzo a ver el fin, ni tampoco a los invitados.

Al despertarme te abrazo de forma permanente y sin dudas.

Tu lugar es perfecto en mi vida loca sin matices.

Tu eres cemento que soporta pilares de una casa de sueños inolvidables.

No sabiendo quien eres, te paseas por mi, invadiéndome; pues eres aire.

 

Pero sigue sin  ir algo bien. Algo ahora ya es nada.

Y sin embargo los grillos, siguen cantando en invierno, y en verano…ya no cantan no, no cantan.

Ya no cantan.

 

 14 / 10 / 19

  • “Los sinónimos tristes no son bien recibidos”.

Me coloqué las zapatillas de volar con una insoportable desgana. Las suelas se sentían acongojadas al percibir  mi desmotivación  por dar ordinarias zancadas. Les repliqué diciéndole que no se enojaran, y no se pusieran folloneras ya que peor estaban mis entrañas. Me sentía embargada en una inconmensurable soledad. Su pertinaz lamento desbordaba mi capacidad de baluarte hasta llegar a planteamientos imprecisos y paradójicos que desprendían cierta abundancia de interrogantes.

De un salto las callé y corrió por mi cuerpo casi desgranado una repelente sensación a oxido y arena. Después de digerir en segundos este amargo trago, triunfó finalmente el coraje de mi mente frente a la decadencia de mi cuerpo. Estiré todo él, y con mis brazos tensados y dedos rígidos, intenté alcanzar el techo. Mis brazos; tras unos segundos aguantando tal postura, se relajaron, y al ritmo de una pequeña pluma  mecida por la brisa, se dejaron caer a su posición normal.

Mis primeros pasos  tenían intenciones inestables hasta llegar al aparador; cuando, en ese momento, las llaves de casa se emocionaron, y sin moderación  alguna  se lanzaron dándome un tierno abrazo y colocándose en mi bolsillo, mirándome con ojillos lastimosos.

Una vez conseguí cruzar el umbral de la puerta de entrada y salida, no miré atrás. Saber que llevas contigo las llaves de casa te da más seguridad, ya que si a los cincuenta metros quieres regresa ahí las tienes, y tú… en el punto de partida.

Con pasos lentos comencé un camino en el que el aire fresco y distinto de casa, despejaba  de forma acelerada el estado apesadumbrado en el que me encontraba. Las llaves cantaban alegremente en el bolsillo, y mi cuerpo caduco, con furia se templó.

Es una constante: sin antojos, recompensas, medallas, victorias, metas o motivos para la motivación. Cada día, cada minuto y segundo se repite como en un bucle. Igual que copias y más copias partiendo de la original.

Sea todo por retrasar la nada. Sea todo por  engañar el luto anticipado y denigrante de una vida machacada por la vida.

 

 

  • Solo soy un grano de arena.

 

Y él… ya perdido, terminaba perdiéndose más si cabe en lo más profundo del color de sus ojos; como los colores que simulan a los del mar, o los que tienen los lagos entre las montañas. No estando de acuerdo con el nombre que le habían colocado, le llamaba “Mar”. Mientras; el tiempo que duraba esta puesta en escena, ella se  detenía unos instantes, contemplando asombrada su vista perdida. Lo hacía con cariño, pues no conocía maldad por entonces. Con esa bella inocencia abandonaba la escena, y escurriéndose en el tiempo se paseaba por esos lagos y mares de cuento, regresando vestida de ricos olores a vida. Alguien… se empeñaba en llamarle “Mar”. El  nombre que nunca tubo, y un abuelo, de real. –Para pipas-…-

Siempre; siempre para que comprase pipas.

 

 

  •  “Bády”

No es cierto que tengan siete vidas ni nadie ni naide.

Bady murió de amor; solo una vez. Cortesía de quienes  juegan a enamorar con ruindad.

Su cabeza le estallaba. Demacrado se perdía en  lo infinito.

 Su corazón inflamado empujaba al esternón,  dolorido.

 Incluso, a ratos, se olvidaba de respirar…

 Bady cargo con tanto amor  como proporcional fue su muerte.

Sin más; el tiempo paso, dejándole con una sonrisa permanente.

 Pero… ¡ay la soledad y el silencio!…

Y ahí tenéis a Bády: Como una pasa dejando sus lágrimas por las almohadas.

Con un corazón que late, ¡sí!

Pero para nadie. ¡Nadie!

 

  05/11/2019

  • Sin pedigree no eres nada.

 

Con su gato Mishi, que no participó en el concurso de chupitos “Perra Gorda”; Dani se fue calle arriba, con su Mishi en brazos, mientras éste decía ¡Fú!

Dani en esos momentos sintió la necesidad de ponerle un apellido. Su amadísimo gato pasaría a llamarse “Mishi Fú”. El gato común no valía ni un peso pero Dani el estilista, se emplearía a fondo.

Se presentaría al concurso de “Gatumbusiness” en su IV Edición en la Calle La Pera Nº… ni se sabe.

Mishi Fú detestaba a Dani por las injurias que le había hecho. No paraba de decir ¡fú! ¡fú! ¡fú!

 Fue descalificado por no tener pedigree.

 

 

30/12/2019

Treinta años y más…

 

Prologo

En ciertos momentos, la imaginación te juega malas pasadas.

Más, todo pasa:y como dicen en alguna parte;quien hoy habla de tí, mañana ya se verá de quien habla.

De esta caja de Pandora, quizás no se hable, quizás  no se entienda, quizás no se comprenda…quizás no tenga la menor importancia, y lo que  fué ya no es, y lo que es ya dejó de ser.

Cuando mañana, sea mañana, mis huesos estarán más cerca de la tierra y yo estaré deseando fundirme con ella.

Deseo fundirme, sí; en la tierra donde nací, donde me crié, donde dejé,  donde me reí, donde lloré, donde perdí, donde aprendí, donde trabajé. Donde viví …algunos momentos. 

Cuando ese momento llegue, dejadme; dejadme tranquila. 

Simplemente: Si nunca fuí nada…que no deje de serlo cuando definitivamente me convierta en ceniza.

 

 

Y todo continúa…

 

 

Treinta años y más

Primer tramo.

Titulo: “Solo tenía dieciocho años”.

Aquella noche no ladraban los perros. Todo era silencio, mutismo. Se escuchaba  la quietud en una madrugada que precede a una desdicha Las campanas repicando a muerto llegarían, y sonarían  durante treinta años más, y más, y más…  Nadie se dio cuenta, nada nos desveló. Ya cuando la puerta no podía esperar, sentimos la más amarga de las visitas.

Todos ellos vieron la sangre, el cuerpo moribundo. Yo solo veía colores, pasando a un estado catatónico. No podía ser real…simplemente una cruel pesadilla que  traspasó la línea y se convirtió en  una amarga realidad. Sentí soledad, desconcierto, impotencia, más ceguera si cabe. Mis lágrimas resbalaban por las mejillas, el camisón, las rodillas.  Empapaban mis pies descalzos hasta crear una gran charca que se filtraría  rápidamente desde los baldosines colocados a dos dedos de la tierra, creando a lo ancho y largo de los debilitados cimientos una humedad que persistiría con el paso de los años. No solo mis lágrimas, sino las de  madre, convertirían el solar en un lugar más lúgubre  en el que se podrían narrar  historias que no se terminarían de leer jamás.

Treinta años o más tardaría en darme cuenta de mi estado.Sin saberlo, mi corazón se transformaría en una ala de mariposa, o en un una tonelada de grafeno.Eran tiempos de conejillo y de paloma, era hora de dormir y dejar que el tiempo decidiese qué hacer con mis huesos. Solo esperaría con impaciencia, formar parte de nuevo de la madre tierra.En estos momentos, recuerdo solamente los rojos tonos; difuminados en aquella humilde cama, por donde todos mis hermanos habíamos pasado.Las sabanas no eran de seda, si no de remiendos, y de distintos tonos blanquecinos que ahora se disimulaban con pétalos y espinas de esas rosas rojas, de terciopelo  carmesí. Docenas y docenas de rosas y espinas restregadas por unas sábanas llenas de abandono, llenas de historias.

Y se lo llevaron sin permiso… se lo llevaron entre dos o tres: con trajes de color azul marino. Un azul que nada tenía que ver con el mar.

Chuspi no emitió ladrido alguno. Creo que intuía la terrible desdicha que acontecía; La cual se prolongaría por mucho tiempo; hasta el infinito.

¿Cuántos se murieron realmente en esa oscura noche? ¿Cuántas veces puedes morir?…

Se llevaron su cuerpo y su sombra. Se lo llevaron…no sé cómo se lo llevaron.

La vida en aquella casa era un continuo  esbozo de  hogar. De siempre había sido todo un patíbulo luctuoso.

“El Lejías” sería su apodo; con el que sería reconocido. Parte de mi sangre. Cachitos que se deshacen en el aire. Cuando madre le habló, ya era tarde. Se cumplieron las profecías que él mismo decía:

“Quien a hierro mata, a hierro muere”. “Si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos”. Era su vida, o la del contrario. Jamás superaría el quitar una vida…

Yo: puede que con otros treinta, o más, pueda conseguir que se deshagan en el aire  tales desdichas. Así como vienen retazos, en ciertos momentos; así perdiese la memoria para las malas sombras que llaman a la puerta, de nuevo y no dejan de despedirse.

 

Y todo continúa…

 

Treinta años y más.

Segundo tramo.

Título: Tiempos de puntillas y algodones.

Hacer experimentos ¿está genial!                  

La infancia del personaje transcurría solitariamente. Subía y bajaba escalones una y otra vez. Cuando los bajaba era para rapiñar algún que otro huevo que las gallinas tenían en sus nidos. Lo peor de esto era intentar que el gallo del corral no se pusiera de uñas y se lanzase sobre ese ser tan inocente, pequeño y rechoncho. Puede que la candidez que aún poseía por entonces no diese lugar a tal hecho. Los gallos en ocasiones actúan como los perros, lobos o personas; que cuando perciben que eres débil es cuando atacan.

Atacar o burlarse, mofarse, humillar, abusar, denigrar, solo es cosa de cobardes.

Si esto fuese cosa de valientes, ni siquiera te tomarían en cuenta. No se rebajarían jamás a bajar escalones ya que perderían su estatus quo; Un estatus quo que es tan volátil como una promesa que de antemano sabes que no se llegará a cumplir jamás.

Mi personaje subía con los huevos, un poco de azúcar que extraía sin que madre se percatase, y con una  o varias muñecas hacia el desván de la casa. Este lugar le parecía un lugar ideal para hacer todos los experimentos que con su poca edad serían bien normales, pues con tres años o menos hacía cosas extraordinarias. Cosas como querer y creer, que con solo batir unos huevos con azúcar, saldría un rico bollo.

Aquello, que acababa siendo una papilla, terminaba en alimento para todas sus muñecas. Me supongo que más tarde que temprano  llegarían las regañinas pero no se acordaría jamás de eso, En su guardilla disponía de todo lo que necesitaba. Un sitio solitario para empezar, unas tijeras, un tenedor, un cuchillo, y otras cosas entre las que se encontraba su momento, su espacio, su imaginación y en un lindo albedrío.

Las muñecas terminaban con un agujero en la boca y otro entre las piernas. Sabía perfectamente que lo que por arriba entraba, por abajo salía.

Dado que el rico bollo no salía, la papilla se la daría a sus muñecas. Muñecas que vestía y desvestía una y otra vez. A las que le quitaba las cabezas, los brazos y las piernas. Tenía, que averiguar cómo funcionaba todo, y después colocarlo nuevamente en su sitio. ¡Ardua labor! Su asombro mayor era comprobar con qué rapidez bajaría lo que le estaba dando de comer. Enseguida les tenía que cambiar las braguitas, o, los pañales.

Luego de terminar con sus averiguaciones pasaría con el corte de pelo.

Las muñecas se quedaban a trasquilones pero era igual .De nuevo repasaría el corte de pelo hasta dejarlas pelonas del todo. Aquello era una gran escarda.

Con el paso de los años se daría cuenta del por qué madre, después del día de  reyes le metía las muñecas en su caja de plástico y se las ponía bien alto del armario para que no pudiese alcanzarlas. Lo peor era que las pudiese ver. Si por lo menos estuviesen tapadas, lo mismo no comenzaría a  crecer en su interior, un cierto resentimiento hacia su madre. De todas formas, se apañaría como fuere para lograr su objetivo. Por entonces no sabía el significado de obstáculo, ni tampoco se escuchaba la palabra utopía…Y continuaría con otros experimentos, y con los anteriores durante un tiempo; tiempo que se esfumaría sin darse apenas cuenta.

Su otro refugio era atravesar unas parcelas hasta llegar a casa de su Bubu, que sería el lugar preferido de sus escapadas. Ella, siempre la trataba con cariño y vehemencia. A pesar de que la casa de la abuela era muy lúgubre, el sabor de su caldo era  mejor que cualquier otro.

Tenía una lareira, (típica cocina rústica gallega) compuesta por una gran piedra, un trípode donde colocaba la olla y pegada a la pared de esa gran piedra había otras piedras que tenían un agujero por donde su abuela metía cosas para calentar y pan rico de maíz. No faltaba leña para quemar y calentarse. De ahí que la cocina por lo menos, luciese tan oscura, y oliese  tanto a leña. El pan que preparaba, aunque estaba hecho con harina basta de maíz cultivado en sus tierras, le sabía a gloria bendita.

Al pan se le colocaba unas hojas grandes  por debajo; algo que llamaba su atención, ya que no salían ardiendo.

 El personaje se entretenía degustando tan rico pan.

Le costaba comerlo, sobre todo por la corteza tan áspera, dura, resistente y gruesa. Debía de sentir hambre de probar  otra cosa que no fuesen las papas de harina que hacía madre. Daría igual, si no lo podía masticar, lo chuparía hasta ablandarlo y terminaría  tragándolo como si fuese un ganso cuando le ceban para servir de  comida en las fiestas importantes de los pudientes, ya que los demás, bastante teníamos con una vieja gallina.

Por entonces llevaba braguitas de perlé con puntillas, y camisetas de algodón

Puede que madre le tratase como una su muñeca.

De forma abrupta, el momento tan idílico se acababa con una llamada que se escuchaba a lo lejos. Era madre y su grito iracundo de -¡Maríiiiiiii!

Siempre cuando  la criatura se sentía  a gusto, le llamaba desde la azotea de  su casa, “su imposible madre”, reclamando su presencia. ¡Siempre reclamando su presencia…!

En los pueblos de ésta comarca y por entonces se subían las madres, o las abuelas a algún lugar alto de sus casas y se llamaba a gritos a las criaturas o se hablaba incluso con el vecindario.

Madre tenía su tono especial de llamada.

Realmente era su muñeca, y haría de la criatura un pandero, durante toda su existencia.

A los 1trece años le trajeron una muñeca de trapo. Su última muñeca. A día de hoy, no se sabe que pudo haber sido de ella. Con esa edad le pareció un absurdo. Ya no estaba para cortar bocas y además esta era de trapo aunque tuviese una linda carita de plástico. Había perdido todo interés por las muñecas. Madre, lo había conseguido.

Mientras el personaje fue lo más parecido a una muñeca, la paseaba a ratos por donde fuese. Todos se quedaban asombrados por las alhorzas de sus piernas. Unas piernas morcillonas que a todos daban ganas de tocar e hincar el diente.No es de extrañar que tuviese semejantes alhorzas de piernas; madre no hacía más que darle papas de maíz con azúcar.Lo que hoy se conoce como natillas hechas, con harina de maíz refinada pero más espesa que las natillas: Con azúcar y sin huevo.

Sería para que el vecindario viera lo bien alimentada que estaba y lo bonito que vestía. Con aquellos zapatos de charol, unas medias de perlé, con sus braguitas a juego, también de perlé. Con puntillas y muchos lazos; Lazos por doquier. Repeinada a base de tirones, y tirones de pelo.Tenía que ir impecable dentro de la miseria penetrante que se alojaba debajo de su guardilla.

Le veo; le veo…con un vestido blanco y rosa con un cestillo lleno de caramelos, con lazos por todas partes, muy bien peinada para los tiempos que corrían, ¡y sus alhorzas!

Creo que un día cogería las tijeras para destrozar las braguitas de perlé, que ya le hacían ronchas. Ya el perlé no daba más de sí; subiéndose de nuevo al altillo en busca de su soledad, y espacio.

Las tijeras tuvieron trabajo. A día de hoy tienen contrato indefinido. Ya les queda poco de filo pero tienen la facultad de recortar todo aquello que desean y por donde desea que se corte.

Y todo continúa…

 

Treinta años y más…

“Tercer tramo”

Título: ¿De mar, o de tierra?…

 

Después de creer, que la historia no cambia, doy fe de que el color del cielo, y la luz que desprende  el sol, sí lo han hecho a lo largo y ancho de mi vida.

Hubo un tiempo en el que padre, fue marinero. Más tengo ligeros indicios de que fue algo casi impuesto. Ya apuntaba maneras de que el aceite es aceite, y padre era agua: Ambos en un vaso.

Encontré una cartilla  de marinería donde tenía su foto de mozo. ¡Muy guapo, por cierto!

Yo, por lo menos, siempre aprecié su animosidad por tal profesión.

Cuando ocurren ciertas acontecimientos, no te queda más remedio que buscar papeles, y removiendo entre estos  encontré esa cartilla de marinería. Cartilla en la que no me creo nada que él se enrolase como marinero; Más bien le obligaron. Llegué a esta conclusión dado que, cuando surgía la oportunidad, y le tirabas de la lengua aprovechando algún que otro momento distendido, por sus pícaras sonrisas; De éstas que le salen a uno cuando recuerda lo pieza que era, y no quieren tampoco que se sepa demasiado. Cuando esto sucede, ya te das cuenta de sus debilidades y aficiones. Tal vez tenía más don para la pesca en tierra. No así, cuando llega la decadencia. La decadencia no llega cuando te haces mayor, si no cuando, ya siéndolo, pretendes ser como un adolescente en todo apogeo. Esta cartilla me la encontré una vez que se fue padre para siempre de todos los siempres; Rebuscando entre papeles, encontré mucho más de lo que quisiera. Los cajones y escondrijos en ocasiones guardan hasta lo más inesperado.

Este desgranado de historia, o estas pinceladas de vivencias, acontecían para mí sobre la edad cinco o seis años. Año arriba, año a bajo.

Recuerdo que faltó un tiempo de casa. Si les soy sincera, no le eché en falta. Luego, a su regreso, se desahogaba comentando lo mal que lo había pasado.

Que si era un buque mercante, el frío que pasaba, la dureza de las cuerdas, las jornadas nocturnas e interminables, o las jornadas baldías, los vaivenes de la travesía, la soledad… Soledad  que  se le trasparentaba, mirando un poquito a sus adentros; con sus ojos entreabiertos, cabizbajo cuando lo narraba. Aún así, os aseguro que era hombre de pocas palabras en casa;  pero cualquiera, en el momento adecuado y preciso, sin querer, soltamos lastre, nunca mejor dicho. Y como padre, era terrenal, de cuando en vez también lo hacía.

¡Cuidado!, que con la gente de fuera de casa; si cogía carretilla, nadie le alcanzaba. Era un ser que se transformaba. Su comportamiento en casa no tenía nada de parecido a lo que bajo techo sucedía.

Padre se repetía, como muchos hacemos cuando ya notas que la vida no te va a ofrecer mucho más y te deleitas con lo que has vivido; No queriendo ver que lo pasado, no regresa, y que se queda atrás para siempre aunque de vez en cuando se te refleje por delante. Comentaba que jamás había visto tales olas y tremendos oleajes. De seguro, jamás volvería al mar, (como si en algún momento se hubiese entregado a ella)…

Eso de irse tanto tiempo, y a mares tan inhóspitos, con el pánico que tenía al agua y a las grandiosas olas que se batían unas contra otras en los mares del gran sol, que no, ¡Que no, hombre, que no! Digo mares puesto que cuando confluyen tales oleajes, o bien es debido a que se saludan los reyes de un lado y de otro del mar, o simplemente se forma una gran batalla por disputar el fondo marino, y la cantidad de perlas humanas que lo adornarían, aunque fuesen biodegradables. Así sucedería por siempre.

Hoy los barcos aguantan y están mejor equipados y preparados para tales  oleajes y envestidas. Hoy, pareciese que los reinos de la mar, se acercasen más a tierra para disputarse el botín, pero el viaje de regreso a casa con sus trofeos, para los reyes de la amar, se les hace largo y pesado, y ya cansados en el arrastre,  se desprenden del botín a medio camino. Unos llegan a sus familias, y otros se quedan en mar de nadie.

 

Cuando se daba la ocasión; padre nos contaba cosas de jovenzuelo. Como esa historia en la que su hermano mayor en un juego de peleas lo tiró al  mar, en el umbral del puerto. Supongo que con idea de que se lavara, o que aprendiese a nadar…dejémoslo ahí.

Su hermano mayor al parecer, no hizo caso omiso de socorrerle, a pesar de la cantidad de salmuera tragada y la falta de oxígeno que casi acaba con su vida. No sé, cómo se zafó de esa, y de otras. Es lo que sé de esta historia, y lo que puedo contar.

En estos momentos, estoy intentando ordenar las palabras. Desde mi punto de vista, y con retales de lo acontecido. Cada cual vive, y cuenta la vida desde su ángulo de trayectoria y según su visión personal de las cosas. Aunque “todo sea fruto de una  fantasía ” . De ninguna de las maneras podría yo transmitir todos los sentimientos y hechos que sucedían al unísono; como tampoco, podría exponerlos  adecuadamente, ni compararlos con los vividos por el resto de “la familia”.

Ni todo se debe contar, no todo se puede medir, como que nada se debe creer, nada debes juzgar, si acaso intenta olvidar.

Padre estaba rancio. Era como el tocino que yo comía en casa de mi abuela. Pero además  de rancio, insípido.El de mi abuela, tenía un sabor exquisito. Las peores combinaciones posibles son: ser rancio e insípido. Más bien me atrevería a decir que padre era incomestible de cualquiera de las maneras, y en cualquiera de sus formas. Puede ser duro, pero las cosas son las que son.

Relatar ciertos hechos, resulta una tarea baldía cuando se mezclan a la vez en tu cabeza múltiples acontecimientos a la misma vez, y que no tienes por dónde cogerlos. Sería más sencillo, contar historias de manera ordenada  paso a paso, trocito a trocito. Más no estoy por la labor de ponéroslo, masticado. Tampoco sería capaz, ni tengo el menor interés en hacerlo.

Lo que acontece en nuestras míseras vidas, es como un puzle que no te regalan por reyes, si no que te lo encuentras cuando eres una criatura; Y sin tomar conciencia de lo descomunal, y del intríngulis que encierra, comienzas a colocar las piezas sin ton ni son No te das ni cuenta de la que te ha de tocar, ya que todas y cada una de esas piezas están boca  abajo. Cual será, o qué color tendrá. Ni tampoco dónde la colocarás, o para qué sirve.

La vida, no es una caja de bombones, no.

A mí por poner un ejemplo, la vida me resulta más parecida a los sobres sorpresa que comprabas en los tenderetes de las verbenas o fiestas. Con lo que me reía bastante, era cuando me tocaba un chupa chups que te dejaba la lengua y los labios de color verde, morado, azul. ¡Por lo menos con los sobres sorpresa ya sabías que tendrías, sota, caballo o rey! ¡No había más!

Continuando en lo que estaba; Ya en tierra, padre se trajo, o se hizo con varios aparejos de horquillas o agujas, para tejer redes. Era su entretenimiento. Más no hacía redes de mar. Hacía y deshacía por hacer. Se pasaba horas y horas, dándole al sedal. De esta forma pasaba las horas y los días. Un tiempo precioso que algunos arrebatan cuando saben de lo poco que les queda para que este juego se termine. Pero, un bonito día…

¡Por fin! ¡Un milagro! Después de todo, que si para aquí, que si para allá; Ese maravilloso día consiguió terminar algo útil primero y más tarde inutilizable.

¡Una hamaca preciosa de verdad! Digamos mejor,una hamaca, ¡de lo más! Súper chula y además de buena calidad. Todos mis hermanos queríamos dormir o echarnos en ella al sol de una primavera que recibe con honores al verano.

A día de hoy, no sabes lo que te puede caer, ni sabes a quien saludas. El tiempo está desquiciado, tanto, que ha perdido los papeles. Como dice el refrán,” Lo mismo te fríe una corbata, que te plancha un huevo”. Las cuatro estaciones se han hecho un lío de cojones.

Continuando con la historia, si se le puede llamar así. Pronto terminaría lo celeste del azul de fondo que se contemplaba tumbado en la hamaca, como lo celestial del momento. Mi hermano menor y yo nos disputábamos la hamaca tanto, que los postes fuertes y bien anclados de piedra que sujetaban los extremos de la hamaca, sucumbieron a lo cansinos que éramos. Lo peor era que por los alrededores no hallábamos otro lugar idóneo para colocarla. No sé  de su futuro. Lo curioso, es que en este tira y afloja de la disputa por la puta hamaca, no recuerdo los semblantes de mis otros hermanos mayores. Quizás, algún que otro recuerdo tengo del que me precedía. Más bien en realidad, pareciese, que no estaban. Quizás estuviesen sobreviviendo y alejándose cuanto podían de aquello. También recuerdo, una pequeña radio que funcionaba a pilas. Por entonces, no me suena que funcionase en FM pienso que solo existía o se escuchaba en onda corta, o media…no sé.

Guardo gratos recuerdos por aquel programa que ponían sobre el medio día o casi llegada la tarde, en el que se felicitaban los cumple años; las onomásticas, ¡vamos!

Las familias y familiares felicitaban a alguien querido entre los suyos. ¡Echaba tanto de menos que alguien me mencionara! ¡Eran tales las ganas de alguna demostración de que existía, de sentirme querida! Seguramente se diesen también los decesos pero para eso no estaba, ni estoy. No entiendo como hay gente que lo primero que hace es abrir un periódico solo para ver las esquelas. ¡No entra en mi cabeza, oye!

Nuevamente padre cosía y descosía sin ton ni son. Lo suyo no era hacer encaje de bolillos, más bien era hacer puñetas.

No sé si sabréis  que lo de hacer puñetas, es entrelazar las manos con los dedos y darle a los pulgares en círculo para un lado y para otro, dejando así pasar el tiempo. No os lo recomiendo; Es adictivo. Digamos, que se entiende como matar el tiempo, o la araña, según los ingleses.

A esa edad, y con el tejemaneje de la dichosa hamaca, ni me planteaba cómo podíamos comer. Sin embargo, algo había para llevarse aba boca. Debo reconocer que madre, con poco, cocinaba que era una maravilla. Cuando le decíamos que rica estaba la comida se crecía y contaba con orgullo, (no siendo para menos) que tiempo atrás daba de comer, en no sé  qué lugar, a más de cuarenta obreros de la Refrey: Los cuales, estaban encantados con ella de cocinera.

Dejando este trabajo al casarse con padre, me sonaba que por entonces trabajaba de jornalera, y que además se ocupaba de sus tierras. También se encargaba de criar pollos, algún que otro conejo, cerdo, y ovejas con alguna que otra cabra. Lo justo para ir tirando. Eso sí, con constantes broncas hacia padre, pues no echaba una mano en las tareas, si no se le espabilaba un poco, ¡bastante! y a base de gritos. El le respondía bajándole a toda la comitiva de santos, de dioses y demás huéspedes del cielo divino..

Madre se iría haciendo cachitos poco a poco,o también se podría decir que la vida que eligió, la fue triturando. El mero hecho de haberse casado con un hombre ensimismado, rancio, triste, y de rasgos atípicos, como suelen decir hoy en lenguaje psicológico, te hace añicos. Pero Dios los da y ellos se juntan. Como te metieras, salías trasquilado. Hay amores, o desamores que matan. Eran como el perro de hortelano, que ni comía, ni dejaba comer. Contigo porque me matas, sin ti porque me muero. Yo diría que fue matrimonio de conveniencia.

Tiempo y tiempo duraron aquellos quehaceres de padre; luego cambiaría por otros, y tantos… ¡Y tan diferentes!

Padre optó por tierra, a pesar de nacer a pie de una hermosa playa, y dadas las circunstancias, al verse madre harta de comer croques, (berberechos) conseguidos rapiñando entre las rocas de la playa más cercana a las puertas de su casa, cuando la marea estaba baja, ¡pero bien baja! con grandes dotes de persuasión por parte de madre, finalmente convenció a padre para irse al campo. Se iría a vivir a otro hermoso lugar, dándole la  espalda al mar.

Con el puzle que se me entregó al nacer y colocando las piezas tal y como las tengo colocadas, me dan datos suficientes para adivinar que su forma de ser de padre, desquiciaba a su madre, y en cuanto al amor que una criatura debería tener en sus comienzos de la vida creo no equivocarme  que fue otro hijo más de la madre Amargura. Lo mismo existen hijos con padres y madres con nombre propio y apellidos, como también existen hijos que son de nadie, y son acogidos por la madre Amargura, de mote “rancia”, y de apellido Insípida.

Si hecho la vista atrás, también recuerdo que padre era un hombre de medio lavarse. Una vez al año, si acaso por las fiestas del pueblo. ¡Tuvo que ser duro!… ¡a saber, lo acontecido en su infancia!…

Las aguas del mar son libres, como las aves en vuelo. Los que perecen en mares profundos, ya no regresan a la arena ni a tierra. Los que viven por y para el mar, por y para la tierra, o de debajo de ésta: Tanto mujeres como hombres, son de honores y respeto.

A día de hoy, aún espero que padre en sueños me diga donde quiere que deposite sus cenizas. Si no me quiere hablar, he de tomarme  decisión salomónica. Sus cenizas se repartirán entre el mar y la tierra.

Como escéptica que soy “si son sus cenizas,¡a saber!…

Me quedo con esos pequeños momentos de infancia, y los mejores. Padre y yo, jugando con las manos y la fuerza. Donde padre me daba unos topetazos en la cabeza, (sin maldad) que casi me tiraba por la falta de equilibrio, dado que tendría unos dos o tres años…lo estoy viendo…

Esa era su forma de dar cariños. Si nunca te han mostrado éste; No digo que sea imposible, pero sí muy difícil marcar un perfil con ternura para dar. De madre, no poseo ningún momento, donde el tiempo se posase…

Padre hacía igual que la mar. No controla su fuerza. Lo mismo te acariciaba, como te golpea de la peor de las maneras, desinteresadamente. Será que allá en lo más escondido, tendría algo de hombre de mar.

La mar responde de una manera sincera, aunque dura: Nada debes de temer de tu enemigo puesto que ya sabes a que te enfrentas. En cambio la tierra por el contrario requiere que la mimes, debes de poseer conocimientos de cómo acariciarla para que te responda de igual manera, con ternura y agradecimientos. Eso, si no se le cruzan los cables.

En cualquier caso creo en los monstruos marinos, y nuevamente y sin dudarlo, os aseguro que en tierra firme, existen muchos más monstruos; Con mal talante y de peor malaje.

Y todo continúa…

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