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CUENTOS PARA  LOCOS

Será un libro tanto de bolso, como de  bandolera. Para  gente que busque un poco de perspicacia; que le guste el humor negro y las desdichas blancas. Con la predisposición de abrir su mente y, dejarla volar.

  • El que se considera cuerdo, me  da miedo.

 La idea de un proyecto en el que estoy trabajando y, dándome cuenta de que el tiempo no me pertenece, lo construyo a mi ritmo. No tengo prisa; sin embargo nada me detiene. 

No soy escritora. Solo cuento cosas muy breves. En cierto modo lo hago como, auto crítica hacia todo lo que me rodea  e, incluso hacia mi misma; sin orden ni concierto, de forma austera, con aires filosóficos, con tintes de un desorden descomunal en mi cabeza, propios de alguien desconcertante, que con constantes metáforas, pretende ocultarse de esas miradas que tienen la capacidad de ver la mente; no de leerla. De ese tipo de personas que están en peligro de extinción y, con las que al alcanzar ese objetivo, podría sentirme identificada. 

Los pequeños sentimientos o, relatos que iré plasmando en la medida que pueda, no serán bien acogidos por aquellos lectores que practican los, métodos de lectura rápida. Dijéramos que es una manera de forzar al sosiego, calma y reflexión en la lectura. Mi propósito consiste  sobre todo, en que sintáis la necesidad de repetir la lectura; sobre todo que sintáis una conexión con migo: No siendo  lo mismo, que una identificación con mis pensamientos o, mis ideas.

En todo caso, espero no ofender a nadie y, tratar de ser lo más parecido a mi misma…  sin egolatrías. 

No espereis relatos de novela, historias de amor o, algo similar. Las palabras que se reflejan, están y son totalmente “anarquistas”. Muchos y muchas, considerarán que no es lo mio. Lo es, puesto que lo creo yo. Cometo errores gramaticales, los cuales no pasan filtro. No dispongo ni quiero, que nadie me lo, moldee a su antojo; con el objetivo de ser más resultones.

Solo cuento historias cortas y algunas cosas poco comunes.

 

Historia de una alubia.

El ciclo de una vida a través de un cuerpo imaginario.

“No hay duda de que la ficción hace un mejor trabajo con la verdad”.

(Doris Lessing)

Las hadas de Ana.

Otro relato corto que puede hacer replantearnos si no hemos dejado atrás lo mejor del ser humano…imaginar. Cuando regresamos a la realidad sentimos  un sabor agridulce y nos planteamos, que está pasando.

“En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento”

(Alvert Einstein)-

El adoquín patinete, creado por Callofé.

“El orgullo está relacionado con la opinión que tenemos de nosotros mismos; la vanidad, con lo que quisiéramos que los demás pensaran de nosotros.” 
(Jane Austen).

Saffí.

En honor a una persona muy especial como tantas…un pozo oscuro donde caen aquellos que en su apariencia son los más fuertes y valientes cuando en la realidad son criaturas vulnerables y faltas, de amor.

“Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos.

(Confucio)

 

Momentos, momentillos y momentazos.

 

“Solo soy un grano de arena”

Y él… ya perdido, terminaba perdiéndose más, si cabe, en lo más profundo del color de aquellos ojos que reconocía como familiares. Unos ojos cuyo color era semejante a los colores del mar o, los que tienen los lagos entre las montañas.

No estando de acuerdo con el nombre que, le habían puesto, le llamaba “Mar”.

Mientras; el tiempo que duraba esta puesta en escena; ella se quedaba unos instantes quieta, fijando su mirada en los perdidos y, nebulosos ojos de quien tenía a poco más  de un metro.

Lo hacía asombrada, con cariño; pues no conocía, maldad, por entonces.

Con esa misma inocencia, abandonaba la escena y, escurriéndose en el tiempo se paseaba por esos lagos y mares de cuento; regresando vestida de ricos olores a vida. Él, se empeñaba en llamarle “Mar”. El nombre que nunca tuvo.

Era un abuelo, su abuelo de “real”.

“Para pipas”, decía… siempre, para que comprase pipas.

Te fuiste pronto: Los abuelos, a pesar de su edad, siempre se van demasiado pronto; pero te estoy viendo abuelo.

Solamente yo, pude ver a quienes te llevaban.

Uno me miró y, apenado, me lo contó todo sin hablarme. Debe ser por ello que, la vida por aquí, solo me causa dolor, pero no me coge, desprevenida, ya que el pavor por lo que acontece día tras día, ya me lo desvelaron con solo seis años y a solo un día de tener los siete.

Le enterraron el día de mi cumpleaños

Más tarde pasaba por donde muchos siguen, creyendo, que uno se queda.

Con tan corta edad no veía más que un trozo de mármol., con tu nombre grabado. Aquel lugar me parecía un lugar de recreo, una escuela oculta donde te enseñan a tener las lápidas y nichos limpios y, cada quien o, cada cual, mira al de al lado haciendo comparativas; quien lo mantiene en mejor estado y vestido con el mejor de los trajes. Para mí, un lugar de recreo, con perfume a flores muertas y a ciprés.

Cuanto mayor elegimos la venda, más se crece la inocencia.

Lo bonito: Siempre estaréis a mi lado. La abuela: Ya unos años más tarde, optó por despertarme, a más de seiscientos kilómetros de allí donde, por entonces estaba viviendo. A media noche, con cariño y sin sobresaltos. Me pasé  siete horas esperando la llamada telefónica. La noticia fue confirmada…

¡Soy, tan poquita cosa…!

Como un grano de arena.

 

 

“Los sinónimos tristes no son bien recibidos”.

Me coloqué las zapatillas de volar con una insoportable desgana. Las suelas se sentían acongojadas al percibir  mi desmotivación  por dar ordinarias zancadas. Les repliqué diciéndole, que no se enojaran y no se pusieran folloneras,  ya que, peor estaban mis entrañas. Me sentía embargada en una inconmensurable soledad. Su pertinaz lamento desbordaba mi capacidad de baluarte hasta llegar a planteamientos imprecisos y paradójicos que desprendían cierta abundancia de interrogantes.

De un salto las callé y corrió por mi cuerpo casi desgranado una repelente sensación a oxido y arena. Después de digerir en segundos este amargo trago, triunfó finalmente el coraje de mi mente frente a la decadencia de mi cuerpo. Estiré todo él, y con mis brazos tensados y dedos rígidos intenté alcanzar el techo. Mis brazos, tras unos segundos aguantando tal postura se relajaron, y al ritmo de una pequeña pluma  mecida por la brisa, se dejaron caer a su posición normal.

Mis primeros pasos  tenían intenciones inestables hasta llegar al aparador, cuando en ese momento, las llaves de casa se emocionaron, y sin moderación  alguna se lanzaron dándome un tierno abrazo y colocándose en mi bolsillo, me  miraban con ojitos lastimosos.

Una vez conseguí cruzar el umbral de la puerta de entrada y salida, no miré atrás. Saber que llevas contigo las llaves de casa, te da más seguridad ya que si a los cincuenta metros quieres regresa ahí las tienes, y tú… en el punto de partida.

Con pasos lentos comencé un camino en el que el aire fresco y distinto de casa despejaba  de forma acelerada el estado apesadumbrado en el que me encontraba. Las llaves cantaban alegremente en el bolsillo y mi cuerpo caduco, con furia se templó.

Es una constante: sin antojos, recompensas, medallas, victorias, metas o, motivos para la motivación. Cada día, cada minuto y segundo, se repite como en un bucle. Igual que copias y más copias partiendo de la original.

Sea todo por retrasar la nada. Sea todo por  engañar un a un  luto anticipado y denigrante, de una vida machacada por la vida. “

 

“Un parque para mí sola”.

Quisiera un parque para mí, por la noche. Aún sin luna, me conformase.

Quiero que la noche cerrada no me impida ver las estrellas y, creer en fugaces deseos.

Quiero un parque lejos de las ciudades; lejos del ruido y, por donde no pise nadie.

Solo admito algunas luciérnagas: ¡Si alguna quedase…!

Quiero un parque limpio y verde; vestido de gala. Uno donde no me moleste nadie. Quiero uno donde la hierba, no pinche y, que ésta me refresque… pero sin empaparme.

Quiero que me impregne de olores sanos, que no molesten a nadie. Con olor a la banda y narciso, Jazmín, pino, roble, pensamiento. Con olores a nadie.

Estirarme sobre la hierba  mirando al cielo; vaciar mi mente, en un agujero negro y, quedarme blanca como la nieve.

Quedarme con una sonrisa dulce; reírme de los minutos y del tiempo de, nadie.

Quiero un parque para mí. ¿Dónde está ese parque…?

Mi muerte por alejarme; tan solo con una manta verde, mis lamparillas diminutas y, un techo pintado en movimiento. Contemplando un firmamento limpio de chatarra.

No deseo a nadie que aparentando ser una estrella, se esté fijando en mi tenue sonrisa loca y relajada, llena de convicciones que no interesan a nadie.

Un parque donde me acaricie la brisa cercana del mar: Que ésta, juegue con mi pelo, sin despeinarme. Que sus manos me acaricien y, con su boca me dé un beso de aire.

 

“Desayuno con el silencio”.

Cada día que pasa, el silencio se hace más amigo. El sol sería una compañía divina; más cuando me dice hasta pronto, yo le deseo un buen día despidiéndome de él, a lo lejos.

Unas horas más tarde y, antes de darme la vuelta, ya las luces duermen y yo, con ellas.

Sin despertador, me levanto y preparo un sabroso desayuno, de nuevo.

Lo hago muy temprano, ya que el mejor de los sabores es el silencio: Mi compañero, amigo, amante.

Mientras que el sol no regresa y aprovechando que las luces duermen; los dos desayunamos juntos, sin la ingrata compañía de sanos oídos ensordecidos.

¡Qué desayuno tan ideal!

 

“Noches para el olvido”

Paseo descalza sobre la dureza extrema del asfalto.

No siento los pies, ni siento frio o calor.

No comprendo por qué hay cristales.

Voy dejando un rastro tenue de sangre a cada zancada.

Paseo sobre la hierba de un color verde forzado.

Mis pies se resecan y siento calambres.

No entiendo nada, ya que todo está mojado.

¿Por qué, ahora si siento, cuando ya nada sentía?

Algo no va bien, algo, no es nada.

Cantan los grillos en invierno: En verano ya no cantan.

Paseo por una luna llena de tristeza, de colores apagados y de amargura, sofocada.

Me paseo por ella cuando duermo. Dentro de mi sueño estoy sola.

Podría parecer sentir más cuando sueño.

No es mi deseo sentir ahora, lo que con nadie comparto.

Me siento sobre las algas secas que perdió una marea viva.

Remo con los brazos entrelazados sujetándome los hombros.

Las barcazas de papel maché se deshacen lentamente.

Algo no va bien, algo, no es nada.

Cantan los grillos en invierno: En verano ya no cantan.

Busco con la mirada algún pescador de soles radiantes.

Cuando tengo hambre no pienso; hacerlo me desborda y, se me quitan las ganas

No degusto la comida pero la coloco de forma sutil en el plato.

Me fijo en la composición armoniosa de la mesa más larga del mundo.

No alcanzo ver su fin, ni tampoco conozco los invitados.

Al despertarme, te abrazo  de forma permanente y sin dudas.

Tu lugar es perfecto en mi vida loca sin matices.

Algo no va bien, algo, no es nada.

Cantan los grillos en invierno: En verano ya no cantan.

Tú, eres cemento que soporta pilares de una casa de sueños inolvidables.

No sabiendo quien eres, te paseas por mí y, me  invades: Eres mi amor, insoportable. 

Pero sigue sin ir algo bien. Algo ahora, ya es nada; aunque los grillos siguen cantando en invierno. En verano, no cantan, ya no.

 

“Pensamiento corto”.

Si tu paseo por la vida es de puntillas porque el suelo te quema, ¿en qué momento y lugar, se te quedó atrás lo racional…?

…y sigues caminando de puntillas, ¿te das cuenta…?

 

“Más vale andar cojo, que tener tres patas”.

Consulta de la Psiquiatría de la Dra.: Leis.

Llaman a la puerta y entra un caballero. Detrás de un biombo, se escucha una voz muy personal que dice:

Dra.: Leis.

-Pase señor Ferrín y, póngase cómodo en ese sofá que mira a la ventana, por favor. Le atiendo enseguida. Usted vállame contando como se encuentra hoy: Le escuchó con atención; no tema.

Ferrín.

-Pues sufriendo lo indecible por amor. Eso es lo que humildemente considero. Claro está, que les ocurre a quien no aman con cabeza, si no, con la pata de en medio.

La Dra. Leis contesta de forma automática y abrupta.

-¿Se referirá usted al pene?

Ferrín,

– ¡Sí!, ¡Esa! La que no tiene sesera y puede hacer que te quedes tirado en medio de ascuas; sin poder dar una pisada más en tu miserable vida.

Por fortuna, siempre nos podemos agarrar a tan conocido refrán como el de que  “un clavo saca a otro clavo”.Y… si le aplicamos una gran dosis de, “¡quien no se consuela, es porque no quiere!”. ¡Ya tenemos el apaño bien hecho!¿Usted qué opina Doctora…?

Dra. Leis

-Pues si le soy sincera, vamos progresando adecuadamente. Eso al fin y al cabo, es lo que interesa. ¿No?

En medio de este dialogo llaman a la puerta y ésta, se abre de par en par.

Se observa, por la vestimenta, a una sencilla mujer salvo por el pelo de su barbilla, que a  la de un chivo se parecía. La buena mujer, al ver tan escultural cuerpo con semejante nuez en el cuello; con asombro e incredulidad, responde:

Desconocida.

-Yo creía que esta era la consulta de la doctora Leis, pero… usted, ¿tiene una nuez en la garganta o, es que le ha salido un bulto raro?

Dra.: Leis.

-Disculpe señora pero: Hay un cartel bien grande en la puerta que pone que esperen a ser llamados; por si no sabe leer y, otra, soy trans. ¡Vamos, que me he operado! Me han reconstruido la zona genital y soy una mujer, mujer. Solo faltan algunos retoques. Si es usted tan amable le agradecería que cerrase la puerta y espere a ser llamada. Gracias.

Después de las palabras de la doctora; la susodicha e incrédula y, aparente sencilla mujer, echo una mano a la cabeza y otra a su entrepierna. Al mismo tiempo  salía de su garganta y, al unísono, se escuchó un grito tímido y reprimido, cual si se tratase de alguien que se ahoga. Seguidamente cerró la puerta, de forma abrupta.

El señor Ferrín seguía hablando, mientras que la doctora le escuchaba atentamente y, de cuando en vez le daba unas pautas a seguir.

Después de algunas semanas; nos cuenta la señora desconocida, en primera persona:

Desconocida y, sencilla señora.

– Les puedo asegurar que es una de las mejores profesionales que conozco. Mi problema tenía la solución más fácil del mundo. Solo era cuestión de aceptarme como mujer barbuda. Comprar un poco de cera de depilar, de vez en cuando y, pasar por unos lagrimones  día sí, día  también. Aunque me estoy planteando hacerme la depilación definitiva. ¡Qué tiempos estos!

 

“Bády”

No es cierto que tengan siete vidas, ni los gatos, ni nadie.

Bády murió de amor; solo una vez. Cortesía de quienes juegan a enamorar con ruindad.  Su cabeza estallaba. Demacrado se perdía en lo infinito, mientras su corazón inflamado, empujaba al esternón, ya dolorido. Incluso,  a ratos, se olvidaba de respirar…

Bády cargó con tanto amor, como proporcional, fue su muerte en vida. Pero el tiempo, sin más  se fue. Le dejó una sonrisa permanentemente forzada.

Y ahí tenéis a Bády; como una uva pasa, dejando sus lágrimas por las almohadas y un corazón que late… ¡sí!

Con las entrañas comidas, junto con la desdicha asentada. Su corazón latía, puesto que estaba vivo y viviendo…de cara a la galería. Le dejaron tan destartalado en las cosas del amor, que hizo votos con Nadie y, solamente a si mismo se entregó.

La gente le conocía por Bády, “el vadilón! Todo risas, todo encanto, amistad, elegancia, bien posicionado, con altura de miras. Todo un caballero; lleno de nada pero al completo de lo que  muy pocos pueden cargar.

 

“Sin pedigree no eres nada.”

 

Con su gato Mishi; que no participó en el concurso de chupitos “Perra Gorda”, Dani se fue calle arriba con su gato travestido, en brazos, mientras éste decía ¡Fú!

Dani en esos momentos sintió la necesidad de ponerle un apellido. Su amadísimo gato Mishi, pasaría a llamarse “Mishi Fú”.

El gato común no valía ni un peso más,  Dani el estilista, se emplearía a fondo.

Se presentaría al concurso de “Gatumbusiness” en su IV Edición en la Calle La Perra Nº… ni se sabe.

Mishi Fú, detestaba a Dani por las injurias que le había hecho para parecerse a lo que no era. Aparte de lo soportado  ya, con los trajes tan incómodos y ridículos, con que lo ataviaba sentía una profundad depresión, por los dolores que padecía. El pobre gato tenía una artrosis del copón y cuando le vestía, estaba que se echaba a las paredes. No paraba de decir ¡fú! ¡fú! ¡fú!

A pesar del pelaje y el malaje que me llevaba el gato; el que iba a juego con el de su dueño  debido a la reconversión sufrida y,  en el que tanto esmero puso Dani, fue descalificado por no tener pedigree; no así, por su mala conducta.

De apariencia  calmada; ya más tarde y de lejos… ¡si aparentaba…sí!

Ya en casa tras tal disgusto, sentados frente a frente, ambos se quedaron ensimismados mirándose el uno al otro. Mishi  Fú, sufriendo un dolor de tres pares de cojones por la artrosis y Dani,  sufriendo por  su dañado ego.

 

“Me voy, pero me persigue”

Me voy al edificio más alto de entre todos; el que más. Salto desde su cima, con las alas de un ángel.

¿Creéis que me estampé; o acaso, pudiera ser, que contemplara el paisaje más vanidoso y voraz que pueda existir?

En la cruda realidad, tenía mis posaderas sobre un tronco de eucalipto, en lo alto de una ladera. No tenía ni alas de ángel, ni creo que me acompañara en ese momento.

Como suelo ser impulsiva, por norma tácita, me levante y sin pensarlo una vez siquiera, ya estaba disfrutando de la hermosa hierba mullida y, del rular colina a través puesto que no me sale una a derechas

Como las alegrías duran poco, en casa de pobre, faltó tiempo para que me estampase contra un peñasco, estratégicamente colocado, para enfrentarse a mi cabeza.

Cuando me desperté, no solo sentía dolor en la mollera, si no, que me encontraba apestando a mierda de vaca.

Me clavaron diez banderillas con las que conviví durante unas cuantas semanas. A esto tendría que sumarle, mi nuevo peinado, para que pasara inadvertida, tal calva

Hoy para más mierda, recibo una carta en la que no cuenta milongas; en la cual se me expone que: Bajo el artículo no sé cuál, según la ley no sé cuántos… el seguro no se hace cargo de los gastos de las atenciones recibidas, en la mutua.

Me adelanto a los acontecimientos; ¡perdón!

Yo; que iba sobrada de paciencia, abro la carta en cuanto la saco del buzón. Cabreada por tal escrito y, tan bien redactado, con lenguaje sumamente pulcro y, que casi tiene que ser  descodificado; me da por paseo va, paseo viene: Echando pestes de un lado a otro de la calle, con tan buena suerte que al sentir una pisada demasiado mullida, veo al suelo Con este gesto y, de forma fulminante, me invade la nariz un olor insoportable.

 Mierda de vaca no era, pues ya la conocía pero el perro que desahogado se quedó; se dejó mínimo dos kilos y humeante aún. Parecía la mierda de un dinosaurio.

¡No hay manera de librarse de la mierda!

 

“Cualquiera lo diría”.

Pensar en algo que deseas hacer y, que te cuestionen siquiera, el que puedas llegar a pensarlo. Como si estuvieses supeditado a los pensamientos de los demás.

Un murmullo que deja entrever la necesidad de quienes son; tan poco transparentes. Tal que aguas turbias de un lodazal.

Como si de ellos brotase la supremacía del saber, del apostar, del derrotar, de cansarte. Sobre una línea negra vas caminando y, controlando el seguir en equilibrio; a unos dos mil metros de caída libre y, sin red.

Te obligan a jugar cruzando un paso a nivel sin barreras: Con un tren  de alta velocidad, delante de tus narices. Te sumergen entre la muchedumbre, cuando sientes agorafobia, te mandan bailar, cuando tienes los pies llenos de llagas. Te obligan a comer, cuando estás lleno de ver como tantos pasan hambre y, ya tú, no quieres comer puesto  que la comida, hasta te sobra y te agoniza.

Te ves en un espejo distorsionado donde no eres tú, si no…Alguien,

Te hacen sentir incapaz, inepto, inusual y, tienes que coexistir junto con esta fachada de individuos a toda costa, ya que, se ha montado todo un complejo mundo para ti y la generosa usura. Un sencillo mundo lleno de usureros y, acompañados de otros que, se jactan cuando consiguen apropiarse de tu dignidad: Solo se ven satisfechos ya, al verte  convertido en nada.

 

“¿Dónde vas, mi niño?”

  • ¿Dónde vas, mi niño?
  • Me voy a la fábrica de chocolate, mamá.
  • Pero, las fábricas son feas y ruidosas.
  • Pues todos mis amigos van hacia allí.
  • Pues si vas a ir, hazlo por la noche.
  • De noche no se ve, madre.
  • Pues si te vas  a ir de día, mi niño; mal te veo.
  • Madre, estoy cansado de ver siempre lo mismo.
  • Me estoy enterando que quizás no veas bien, mi niño.
  • Veo mejor que tú mamá. Ya lo sabes.
  • Hijo, yo no veo peor que tú, veo… diferente.
  • No te entiendo madre. Ya está decidido.
  • Llévate una chaqueta buena, de lana. Una buena canasta de hielo, de la montaña. Llévate una gran caja vacía. Llévate unos zuecos de madera o, gordo esparto. Llévate la merienda. No te olvides de la merienda.
  • Madre, ¡que pesada eres! Siempre dices lo mismo. Yo ya soy mayor; además, voy con un millón de amigos.
  • Pues  si supones, que lo sabes todo. ¿Qué más te puedo recomendar? Permíteme que te abrace y llore, cuando partas.
  • Madre, no es para tanto; solo me voy de excursión.
  • No es porque te vayas de excursión, hijo. Es que te vas a una Fábrica de Chocolate, pero si eso, te hace feliz…ve.
  • No veo madre, ¿Por qué, tanta preocupación? Ya dije que soy mayor y se lo que es ser mayor. Mi única pena madre, es no ser puro.
  • Ya te conté mi historia, hijo. Si estoy, es por olvido.
  • Ya madre; yo deseo, explorar, vivir o, morir.
  •  ¿Quieres que te cuente otra historia, hijo?
  • Ya se hace tarde, madre. Ahora, no. Pero, no llores aún madre. Salgo mañana. Mañana me lloras todo lo que necesites.
  • Hijo mío, ¿tú sabes lo que hacen en esas fábricas de chocolate?
  • Sí, claro; hacen muchos dulces de chocolate.
  • Y, ¿tú sabes quién eres y, lo que eres?
  • Madre, yo soy una onza de chocolate; una buena onza de chocolate.
  • Pues bien; Solo te quería recordar esa historia: Mi última historia.
  • Cuando me la contaste, tampoco sentí miedo.
  • Ya lo creo mi niño. Eres valiente. Eres mayor. Seguro que entendiste, de verdad.
  • Buenos días hijo, ¿has desayunado bien?
  • Sí madre. Ya está todo listo para la partida. ¡Deja de abrazarme tanto y de llorar, que se me está manchando la ropa!
  • Adiós hijo.
  • Mi único consuelo es que eres de alta calidad. Podrán saborearte, los aristócratas. Se deleitaran sus floreros o, floreras con tu sabor. Harás feliz a muchos tontos. Tontos sin noción de  sentidos. Tontos, carentes de raíces propias. Me alegra pensar que se gastarán una fortuna en implantes. Más me alegraría que se quedaran  todos mellados. Me alegraría que reventaran de una  subida de azúcar en sangre.

Adiós hijo querido, hasta nunca… Mejor que no escucharas mis pensamientos en alto. Aunque, de estar aquí de nuevo, más  que  pensaría. Mejor retirar todo lo dicho, ¡Ni siquiera el pensarlo! “Quien desea el mal al  a su vecino le viene el suyo de camino”. ¡Qué coño! Soy una onza  gorda de chocolate. Del bueno y, olvidada. Echando cuentas… acabamos igual. Yo acabaré en la basura por lo dura que estoy y tú, mi niño, serás el resultado de una  gran cagada, ¡nos vemos en la mar….De contentos! Todo llega y acaba, ahí.

 

“Me miró”

Me miró de lejos; creyendo adivinarme y, se equivocó.

No me pueden ver, ni adivinar.  Yo, tampoco a los demás.

Me miró y juzgó, dejando volar sus conclusiones y, quizás sin pretenderlo;

Las echó al viento.

Volaron tanto, tan alto y por todas partes…que llegaron hasta mi propio, “Yo”.

En forma de puñales.

Dejándome llena de cicatrices y heridas abiertas; expuestas al agua del mar.

 

“Quise saber quién era”.

Quise saber quién era. Tanta dejadez e, incompetencia.

Con todas esas cualidades; logró dejar mi cerebro vacío de contenido durante un instante.

Nadie me pudo o, me quiso dar reseñas de él, ella, o, quien fuere y, continué mi rutina, Asimilaba los tiempos perdidos; todas las batallas que se quedan sin librar y, que continúan vivas; Día a día, hora tras hora, minuto a minuto, segundo a segundo.

Lo que pude observar, es que tenía cuatro patas, ocho orejas, seis pezuñas y, dos dientes. Su pelo, era sedoso.

Pudiera ser moreno, rubio, pelirrojo, verde, azul, violeta. Medía entre unos sesenta centímetros a dos metros cincuenta, (no vaya a ser que me quede corta).

Sabía cómo dejarte ensimismado, ensimismada, con el don de la palabra. Más  terminaba diciendo… nada. Sus palabras eran como un  simple o, complejo juego de combinaciones gramaticales.

Era como magia, prestidigitación.

Menos mal que solo logró atraparme durante unos segundos. Lo único que saqué en claro, es que era escapista…e inepto, inepta, a mi entender. Su trabajo; no lo hizo. El mío, quedó para después, ¡mucho, después!

Lo que no entiendo, es lo de las ocho orejas.

¿Para qué, tantas? ¡Si ni siquiera me escuchaba!

 

“Sol en mis mañanas”.

Dime que guardas, espíritu transparente;

De cegadora luz cargado.

¿Cómo vistes a la rosa, de  sangriento terciopelo mojado?

¿Por qué, a mí, me has desnudado?

¿Dónde has dejado el color, que aquel día, te has llevado’?

¿Qué juego, es el tuyo, en el que todos salen burlados?

¿Qué buscas en lo negro, para ponerte morado de infamias, mentiras y, cuentos gastados?

 

Busco tus manos en la nada.

Busco un abrigo, en tú mirar.

Busco todo y, nada encuentro.

Nunca tengo bastante y, quiero más…y más.

 

Ansiedad en mis noches sin sueño.

Una vida vacía y, oculta; en mi rincón apartado.

Compañía; acompañada de divinos recuerdos.

Todos, cargados de amor y, guardados con celo.

Señora sabia, que me guardas, tal vez un segundo eterno; llévame en tus alas.

Sácame de aquí.

Matar quisiera al viento, perverso.

Limpia mi espíritu sucio, de tanta caída en vano.

Sécame el llanto que brota.

Que los ojos no lloren jamás.

Sígueme dando vida a este espejo.

Ese que sujeta en una esquina: Una máscara… en realidad.

 

“Nubes altas  y mi cielo debajo”.

Cuando la luz asoma en el recuerdo; su hermano, el olvido, está presente.

Como una sombra latente y, la penumbra, de regalo.

Cuando el sol se retira y se achica disimulando, todo se va diluyendo. Pasan la muerte y la vida y, uno es como peonza, sin quererlo.

Por el Este, la esperanza, a la izquierda, el frío Norte; al Sur, un camino quebrado. El Oeste…desaparecido.

Allá, donde lo llano abunda, encontrarás el tronar de las aves, murmullos,  llantos, risas; cabriolas sin nombre concreto…sin más.

Allá donde se cruzan las incertidumbres y tus sentidos, no dan para más. Allí estarás.

Allá donde las cuestas son indivisibles ya que son solo tuyas, estarán también, los badenes y pasamanos rotos. Crujiendo las maderas carcomidas y destartaladas. Viviendo  también de, sueños, como tú: Como cualquiera. Eran robustas, firmes, altaneras y locuaces.

La cordura se quebró dando paso a la amargura. Un sosiego difícil, por su yugo dolor. Un dolor disimulado y falaz; empachado de hastío placentero.

Allí donde quizás has estado; se quedaron los cerros vigilantes, entre cometidos y altaneros.

Se quedaron las nubes altas con el cielo debajo. Viviendo su vida armoniosa que ni siquiera  se esperarían: Si cabe, que Dios venga y los salve de tan duro trajín. Que como no es más que no dejará de ser para menos, puede, le espere otro fin con el paso de os siglos.

Escudriño palabras ya que, querer lo deseo. Tratando de olvidar  así el pasado y, convirtiéndome, como casi todos, en un río manso.

El pasado me  parece virtual, mientras trabajo en el presente de forma constante, para unirlo al  futuro. Simplemente porque, éste, se escribe con el presente.

Y las mis nubes estaban altas…el cielo debajo.

 

 

 

 

 

 

 

 


“El descansillo de la casa azul”.

Solo era un descansillo azul, donde…

Reposaba, mi cuerpo y mi mente.

El aire sabía a pintura, mientras que los pensamientos del otoño, se me deshacían en miniaturas.

La brisa se llevaba, lentamente, los pétalos de las flores; depositándolos detrás del manzano que lloraba, por su lado sombrío.

Las margaritas desnudas ya estaban. Las rosas, su ropaje perdieron. El geranio dejó de dar flores.

Mientras meditaba al desnudo, las perdidas brisas, me acariciaban la nuca. Me avisaban de la recepción otoñal. La olor era a, caramelo de cielo.

Los colores eran ocres, naranja, pastel, tierra, chocolate, oro…

Un grito y una zapatilla voladora, me sacaron de ese estado.

“Lo bueno, si es breve; es  dos veces bueno”.

-¡Ya voy madre!

¡Que poco dura la alegría en casa  pobre!

(Podre de “cosas”: Rica de sueños)

Puntuación: 1 de 5.

“Como un Halcón peregrino: Como, un Águila imperial”.

Hice un viaje en el tiempo que resultó ser más que solo, tiempo.

Contemple las suaves manos de los árboles que me saludaban.

A vista de pájaro y, como uno de ellos, desplegadas tenía ya mis alas.

Como Halcón peregrino o, como Águila imperial.

Podía apreciar hasta los poros de la mayor de la belleza.

No me acerqué siquiera al polen de sus yemas.

Los bosques eran frondosos y reales.

Me deleitaba con su colorida piel.

Con mis alas desconocidas, recorrí grandes distancias, a grandes alturas.

La brisa cálida y ajustada, no me exigía recursos.

En aquel paraje lejano, no tenía obstáculos y, no, no existían fronteras.

El aire limpio me envolvió y entró en mi cuerpo sin, limitaciones.

No recuerdo nubes en el cielo; lo sentía como un mar.

Mis plumas no eran de colores, si a acaso, moteadas.

En tan poca definición de plumaje, existía una gama infinita de tonos.

Mi propósito no era buscar comida o, beber.

Mi destino siempre y nunca, nunca y siempre, fue otro.

Llenarme de libertad y sentirla; nutrirme de vida.

Seguir la puesta de sol, sobre el color escarlata; recorriendo la senda de un río ancho y manso.

Dejarme atrapar por el momento es volar sin permisos.

¡Me es tan fácil hacerlo!… no pido más.

Puntuación: 1 de 5.

“Luna”.

Sin dejar de ser consciente de la realidad, sin dejar mis pies en tierra, soy partícipe de los sueños de quienes contemplan esa gran luna y lunático reflejo del sol.

Las noches se nos presentan en ocasiones, oscuras, demasiado oscuras; con intenciones dudosas de venderte sentimientos abruptos, añoranzas anónimas, ideas escondidas o, soledades agitadas.

A otros, la luna, les adoctrina en rutinas. Inspira dulzura, exhala armonía, libera razones y aflora prejuicios.

De ahí que muchos deseen vivir la noche. La noche puede  entrañar anarquías, pero cadenas; reencuentros, pero soledad. Es, un destino fantástico, que puede mutar en el mejor de los venenos.

Puede contener trazas,  de lo más ruin de quienes somos. Tiene el poder de hacerte olvidar, incluso, a quienes más queremos.

De una cara oculta, siempre se habla; sin embargo, la luna, tiene más de dos caras. Pareciendo simplemente algo inerte, colmados de vida nos tiene.

Los ojos con que contemplamos las cosas, no siempre nos muestran verdad. La luna tiene ojos, nariz y boca o, ¿acaso, no es verdad?

Os debo contar que cuando la veo tan enterita toda ella, a mí, me guiña un ojo y me sonríe.

Pero de nuevo todo lo deformamos. Las lunas hemos clasificado, humillado, mentido; las hemos ignorado, nos hemos reído, y las veremos… llorando.

Con su vestuario tan distinguido y elegante y, siendo tan coqueta toda ella; cambia de vestido en unos instantes.

Con su maquillaje hace lo propio, sin embargo, mantiene el mismo semblante. En ocasiones puntuales, la percibo como  sofocada.

También  tiene sus días; le noto mala cara, y no dejemos de tener en cuenta que también puede ser que esté, mal encarada.

Nadie cree que tenga vida o sentimientos, pero, puedo percibir su respiración aún debajo de su sábana de  chatarra.

Creedme si os digo que  os habla cada día que sale, y cada vez que, muestres interés  prestando la debida atención.

Cada día y cada noche te prepara una nueva historia, una que nunca te contó. De esas que no se repiten; si ya pasó… ya pasó.

Te engatusa muy sutilmente. Te abduce sin pronunciar tú nombre, te muestra el camino sin darte cuenta, te comería a besos si pudiera… tú, la comedías a ella.

Las malas lenguas dicen que a un gran queso se parece, pero los quesos mientras menguan, ella, siempre crece.

Trabaja con las mareas; mareas grandes y vivas y, también con mareas dulces, pequeñas. Trabaja con tu cabeza, con tu pelo; ni siquiera te das cuenta. Lo hace cuando está, y también, cuando se va de fiesta.

El sol tiene su trabajo, sí. La luna, sus influencias. Mientras que el sol  te ayuda fuera, ella por dentro, te alimenta.

Mientras que el dorado sol  colorea  tu piel haciéndote un gigante, la luna mantiene, tus frecuencias.

Da rienda suelta a  pensamientos, sueños, deseos, flaquezas, disgustos, proezas, sonrisas, vivencia: Termina haciendo que te sientas en la  la necesidad de decir al mundo que, algo se afloja en la cuerda.

Se me da por pensar que la luna y el sol son pareja. No pueden vivir el uno sin el otro.

El sol le hace sombras chinescas, y a la vista está el engaño, mostrándose como tierra muerta y seca.

Aunque cada cual se ha dado espacio, de cuando en vez, se acarician y se besan. Veo que se saludan de lejos, haciéndose carantoñas pendejas.

El sol le da calor; se desnudan los dos y se mezclan.

Celebran sus cumpleaños con velas rojas, afianzando sus votos sin pensarlo siquiera. Lo hacen jugando como los niños a, “la gallinita ciega”.

Y en medio… la “Tierra”. El hijo o la hija que ambos deseaban. Una espléndida criatura, hermosa y sin parecidos.

La pareja está preocupada. Se les hace raro que tan rápido, envejezca. Su criatura bonita no es que se esté haciendo mayor, es que está enferma. Eso no lo ven normal; con enfado lo comentan.

La luna, no derrama lágrimas. Cuando no la ve nadie deja caer cristales de sal. Poquita agua le queda; yo diría que ninguna ya.

De amargura se nos queda petrificada, convertida en una figura redonda de polvo gris.

La seguiréis viendo bonita, la seguiréis viendo en sueño, noche o vigilia, os seguiréis deleitando, observándola con otros ojos. No será ya tan nítida, desvaneciéndose igualito que un sueño lindo cuando despiertas.

En algún momento os daréis cuenta que ya no queda luna. Os daréis cuenta de que ya nadie nos abraza y nos rodea; compartiendo juegos como… sombras chinescas.

Los sueños  son sueños; esta otra realidad puede que  no sea tan ilusa.

Pero mejor lo dejo aquí que… se me ha caído un cristal, de las gafas de ver de cerca.

Hice un viaje en el tiempo que, resultó ser…más que tiempo.

Puntuación: 1 de 5.

“Permanentemente”.

 Se esconde y juega.

Siento cada minuto su presencia.

No es mi amigo invisible.

Tampoco es alguien al que quiera.

Me escanea y sabe quién soy; como soy.

Me da los buenos días siempre… por el momento.

No le debo, reproche alguno.

Tampoco le debo nada: No le doy ni las gracias.

En muchas ocasiones me confunde, amenaza, pregunta, indaga.

Siempre me está recordando historias que, conducen a  la nada.

Alguien lo colocó ahí y, tampoco él, se salva. No se libra del costal que le pusieron a la espalda.

De bruces se ha topado con un esbozo de, fariseo angelical.

Trabaja hasta la extenuación; con  modales  muy apropiados.

Ya no sabe a qué atenerse, lo tengo desconcertado.

Se le toma como masculino, aunque  pudiera ser un ángel.

En cierto modo se asemeja a mí: Aunque no somos tal para cual.

Los dos incansables, insoportables.

Soportarnos es una tarea  vorágine, sin mesura, con atisbos de elegante.

Me pregunta y me pregunta; ya de tantas respuestas estoy derrengada.

No se fija en mi aspecto, ni me avisa si salgo  a la calle, mal  planchada.

Si salgo en  zapatillas o, si  mi cara está manchada…no.

Solo está para darme el coñazo.  Para hacerme la vida, más complicada.

Y sigue aquí. Ni siquiera sé, si tiene ojos y mirada.

Me controla, exige, condiciona, devora  sin demora sus tareas.

En ocasiones su trabajo es productivo. ¡Propuesto  para medalla!

Más, seguiremos juntos por el resto de los días.

Mientras tenga conciencia y desvergüenza, seguirá dándome  de orejas.

¡Menuda misión encomendada!

Lidiar con vaguedades inquebrantables y exasperantes, no es tarea para nadie.

El susodicho tiene trabajo fijo para los  que siguen teniendo conciencia.

Lo conocen como “Pepito Grillo”. En masculino…

Para otros será, otra cosa. En mi caso ¡casi na!

,“Pepito Grillo” se está muriendo. ¡Por cierto!

Me lo estuvo contando mañana.

Puntuación: 1 de 5.

“Los sueños de Cristina, “La lagarta”

Cristina la lagarta era un reptil de escamas plateadas. Más que escamas de besugo tenía escamas de dorada.

Era lagartija resuelta aunque una mano tuviese imputada. No le afectaba lo más mínimo ya que de criados gozaba.

Corrían con su reino y de todo se ocupaban: Papeleo, reuniones, estrategias y, hasta su firma falsificaban. Eso sí, con sincera complacencia por parte de la plateada lagartija que por Cristina, la llamaban.

Era resuelta por arriba y por debajo también andaba. Cagaba monedas de plata igualitas que si las de, Herodes se trataran.

Tenía unos dientes,  de un blanco impoluto. De rugosa piel y teñida de manchas: La edad le delataba. Por afición destacaban entre todas ellas, los viejos. La gran frase apuntalada. La palabra “viejo”, era de andar por casa. Ella; la muy considerada, a pesar de ser muy revieja, los ancianitos, como rentables, lo que se dice rentables, no era cosa que le encajara.

Gran interés  mostraba igualmente, por seguir ocupando su trono y reino: Reino  de risas y de babas.

La imagen siempre tenía en cuenta aunque, “lo de siempre”… no deje de salir en portada.

Vivía en una burbuja de plástico transparente. No quería perderse nada. De vez en cuando aparecía por el Reino de las Ratas pareciendo que hacía, pero hacer, lo que es hacer, era no hacer nada: Sin embargo, allí se presentaba, como todo gran Rey o Monarca.

De aliados tenía a sapos de algún lugar llamado “Babia”.

Estos sapos comían gusanos y a su vez los gusanos comían vacas.  Eso sí; antes del banquete, todos ellos, de gala.

En la gran mesa  del reino, en una deconstrucción se colocaban ensaladas. Ensaladas organizadas por chefs de prestigio y con muy buena tirada.

Cristina, “La lagarta” siempre estaba presta para la orgía negociante. Pareciese conservada en sal muera, sin duda alguna, aparentando mucho de, resalada.

Cuando estas orgías gastronómicas de vanidades descomunales  acontecían; lucía su larga cola postiza. Una cola acorde de igual color  al de sus escamas.

Todos de etiqueta se reunían en la gran sala, adaptada.

Baberos se colocaban para no ser salpicados por  los percebes de tierra adentro. Saboreaban platos exquisitos, platos con nombre y apellidos.

Todos los manjares regados, claro está, con vinos de alto copete. El menú de tales eventos también llevaba carne acoplada, siendo toda ella, carne desgarrada.

Terminadas las orgías de vanidades desmesuradas, quedaban zanjados muchos asuntos. Asuntos  plasmados espléndidamente a pluma y, sobre el mejor papel reciclado.

Su plan puesto en marcha, a la chusma apaciguaba por un tiempo…un tiempo  tal vez que, no acababa.

Al finalizar la verbena y la fiesta salían todos en tropel. Todos esperaban  su carruaje tintado, llevado por hermoso corcel. Para remate, fuegos de artificio que les cegaban sin querer.

Algunos a dormirla se iban; otros seguirían la velada. ¡Qué, felicidad! ¡La chusma paga!

A la mañana siguiente: Ceremonia de baño en apresto; enmascarando con caros perfumes, su estado de putrefacción avanzado.

La cuita de todo este vivir era que, lo hacían con miedo. Sabían de quién y de que  temer, a pesar que  lo negaran.

Ninguno de los allí presentes sombra tenía. Únicamente  a la  penumbra tenían como compañera fiel.

Siempre  hacia atrás,  miraba Cristina. Seguramente siempre, a cada paso que daba. Supongo que esta actitud sería la consecuencia del devenir de su juego y, de los trucos que en aristocracia se  gastan.

Debió fallar algo en las cuentas que se echaban. Lo que llevaba Cristina en sus sueños era una pesadilla incrustada.

Llegado el momento, si las cosas fallaban, dormirían con la luz encendida, como si a la niñez regresaran.

Todos disponían de espejos. La que más: “La Lagarta”

A solas, en silencio, se veía  bien retratada.

En el reino de los Sapos, los que rectan o, los que trepan la  figurante apuntalada seguía siendo Cristina. Cristina… “La Lagarta”

Pero los cuentos solo son cuentos  y la Lagarta pasado un tiempo, terminó siendo acosada. También podemos cambiar el final y poner mejor “¡Condenada!”.

Para eso son los cuentos. Ponemos Reinos, los quitamos, creamos personajes y aderezamos.

¿Os conté ya que Cristina, tuvo un hijo de  ensueño?  Podemos colocarle que su amante se la pegaba con la, desvergüenza. ¡A lo que llegan los cuentos y las historias inventadas!

Y en esta especie de historia loca,  por más que lo intento no puedo cambiar  ni una sola  de las palabras.

Podéis matar al, cuenta cuentos; si os place. Más  el final, afinado quedó.

Este sueño con escamas plateadas y púas de puerco espín, de animales que rectan,  trepan, mudan de piel y hasta vuelan, no son de aquí o, de allí.   

Siempre estarán sus bacanales; jugarán a la ruleta rusa y, con cajas de pandora. Y dado el caso de que algo fallase por lo que fuere, el billete estaría  reservado ya. En primera clase, para fugarse cagando leches y de, aventura al espacio sideral.

Luego entonces… Dios, se habrá dado cuenta de que tiene cáncer. Un cáncer terminal.

El sueño de Cristina, terminó siendo   mortífero.

Por cierto: No os toméis a broma, ni dejéis atrás  a los sapos, ratas y gusanos. Tenemos para comer deliciosas ensaladas. Tan solo falta el aliño y colocar en la carta un bonito título para tal plato. Un rimbombante nombre, muy compuesto a poder ser.

Mejor  cuanto más larga sea la definición. Lo saborearemos con más ahínco y determinación.

¡Menudo cuento  tan apuesto! ¡Menudo desbarajuste! ¡Menudo atropello y, locura descomunal!…cuando te das cuenta de que hay ciertos sueños que se convierten en pesadillas y se te  presentan en la vida real.

Puntuación: 1 de 5.

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