«Sombras dejan…»

Estaba  ahí desde siempre, esperando a salir.

Hoy, salí a pasear cuando anochecía. Recorría esos caminos descuidados que, muy pocas personas pisan ya. De regreso a, una ruina de casa, soplaba el aire…, el aire que me traslado a mis siete años de edad, momento en el que Jugaba con mi hermano pequeño, al ladito de casa 🏡.

Con siete años todo lo ves a lo grande. Creía tener un bosque a mi lado, y sí lo había, pero, era solo un pequeño y descuidado pinar.

Ahora, ya no son las cosas tan grandes, y dónde se encontraban esos árboles, que ahora no hay, se encuentran Robles hermosos, dando buena sombra al igual que los castaños, que por aquí se dan.

Sombras dejan…

Debajo de los carballos, asoman las campanillas con su color blanco, amarillo, y en colores azul, malva o turquesa. Ellas estuvieron, están y, siempre regresan.

La casa de mis padres está situada en una ladera donde soplan aires de mar. Sopla el viento del Norte con rabia y, en menor medida, el que, cálido, llega del Sur. Cuando sopla el viento del Sur, también lo hace con ganas, como ahora. Y, seca está la ropa tendida, en cuestión de minutos; igualito que, como entonces…

Hoy salí a pasear cuando anochecía… Recordaba esos minutos, escasos, en los que existía un trozo de cielo. Ese que bajaba hasta nosotros, ese que nos daba aliento.

Yo, tuve un hermano que llegó a mi mente, arrastrando consigo ese trocito de cielo. Seguro que estaba ahí…, desde siempre, esperando para salir, para jugar de nuevo…

Y, los dos, jugamos con el aire, batiendo los brazos, planeando como en una avioneta. Aprobechando las corrientes del Sur nos elevamos y flotamos durante un ratito, nada más…

Nos bastaba y nos basta el aire, para jugar, para estar unos segundos entre el cielo y la tierra. Hoy, ese aire que sopla, vino contigo.

Estos, son recuerdos pequeños, momentos de nada… Y, ahí estábamos, escurriéndonos entre las ranuras de la puerta sur, hasta lograr volar sin alas. Estabamos a salvo, fuera, de las bombas que caían, amenudo, de la nada.

Yo, tube ese hermano que me trae el viento del Sur, y, cuando sople el recuerdo… , jugamos de nuevo, ¿ vale?

Autora; María Preciosa Cabral Pérez

A %d blogueros les gusta esto: