«El escarabajo azul».

Esos Clubs elitistas para Doctos o no tanto…, que presumen de cartera llena y caminan carentes de alma.

No seré leyenda, no haré historia. Solamente estuve una milésima de segundo en el corazón de alguien que se lo pasó bien con estas ,»MIS HISTORIAS».

“El escarabajo azul”.

Es una historia sin más, una historia sin sentido alguno. Como otras muchas qué os narro a veces.

Hace tres meses me topé con otro escarabajo azul igualito al que un día tuve delante de mí por primera vez. Por entonces, era un estudiante en prácticas, ahora tengo algo más de relevancia, pero, no mucha más.

Nunca pensé encontrarme con otro ejemplar igual. No era lugar para él y procuré recogerlo con delicadeza llevándolo a un lugar más propicio. Estoy hablando del escarabajo; de ese escarabajo tan peculiar y azul.

Os estoy hablando, sí, solamente de un escarabajo azul, un hermoso escarabajo. Un animalillo que lo mismo está totalmente estático, como echa a correr tal cual se expusiera a la mismísima muerte.

Para poder rescatarle tuve que hacer mil escaramuzas y sudar como pollo en una granja. Esa especie tan exótica de escarabajo despertaba el interés de alguien…,  de un docto de relevancia que pretendía hacerse con una tesis , una reputación y engordar el ego. Toda una tesis con todo tipo de información acerca de todo o casi todo lo que el don nadie, pero, Docto, dominaba. Por la ciencia y en nombre de la ciencia.

El escarabajo, como bicho era realmente feo visto de lejos, sin embargo, a medida que te acercabas a él y lo llevabas hacia la luz del sol, brillaba como un arcoíris. Su colorido se disponía armoniosamente. El Docto era feo de cojones de lejos, de cerca y aún, tras una mampara opaca.

El investigador de bata blanca, impoluta, no estaba interesado en conocer su anatomía, su comportamiento, el entorno que necesitaba para su desarrollo… Solo estaba interesado en la manera, el cómo, y, la forma en que sus experimentos alcanzasen el resultado esperado. Le sobraban pretensiones. Con los fluidos del escarabajo, unas pociones de allá u otras de, todavía del más allá, conseguiría un producto top diez en rejuvenecimiento corporal. Su nombre sería de renombre y su estatus de estatura muy alta. Sin más interés que el suyo propio.

Una vez el Docto consiguió finalizar con éxito su investigación, reunió a toda su colmena no dejando en ningún momento de tomar anotaciones. Allí estaba yo. Y,  todos enzarzados en la temática del nombre que figuraría en la cabecera de la tesis de investigación. Primero, siempre primero…,  el nombre de cabecera y mientras, una cabeza vacía, un cuerpo desmembrado, unos restos en un contenedor de alta seguridad por riesgo de contaminación biológica. Sin colores, matices, sombras, reflejos, destellos. Las batas blancas quedaron en un plano superior. El escarabajo azul en otra dimensión.

Estas batas blancas se creen las protagonistas de la película. ¡Qué ironía! Realmente el auténtico protagonista y,  con un papel extraordinario era y había sido, el escarabajo azul.

No he dejado de pensar y creer, fehacientemente, que nuestra existencia está ligada a otras y, que deberíamos de respetar esta simbiosis tan natural y esplendida. Esos “bichitos”, como nosotros, tienen menos espacio donde poder vivir sus vidas con tranquilidad y dignidad. En realidad, hay espacio para todos, sin embargo , todos queremos más y más espacio: sobre todo la raza humana. Nosotros lo invadimos todo sin contemplaciones. Parecemos un auténtico virus dado nuestro comportamiento en este planeta. ¿Seremos un animal racional o un virus, realmente?

Me hago constantemente la misma pregunta…, ¿por qué elegí esta carrera? Seguramente porque pretendo hacer lo mismo que el señor Docto, pero siendo un poco más empático con lo que me rodea y dejando de hacer las cosas como siempre se han hecho. Por la ciencia sí, pero, por el bien de la humanidad espero no caer en las ambiciones desmedidas, ni tampoco formar parte del club de “Vanitas, Vanitatis”. Esos Clubs elitistas para Doctos o no tanto…, que presumen de cartera llena y caminan carentes de alma.

Pienso que la ciencia te cuenta hoy la verdad de hoy. Mañana será otra que desmontará toda la verdad anterior. El ser humano siempre presto a la última noticia. ¿Eres más inteligente porque estás al día? La verdad es escurridiza, es como una lamprea llena de fango y verdín que se te escurre entre las manos por mucho que aprietes.

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“Hoy no interesa progresar, sino tener éxito. No espero encontrar al hombre perfecto. Me contentaría con hallar a un hombre de principios. Pero es difícil tener principios en estos tiempos en que la nada pretende ser algo y lo vacío pretende estar lleno”.

Confucio decía algo así hace siglos , pero, más bien es de hoy al medio día.

Autora: María Preciosa Cabral Pérez

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